Por: Nicolás Uribe Rueda

¿Perderán La Habana?

Oír a los bandidos de las Farc desde La Habana se ha vuelto ya parte del paisaje. Cuando arrancó el proceso, y se fueron para Oslo, todos estuvimos pendientes de su intervención, expectantes ante la posibilidad remota de que por fin pudiésemos oír frases de reconciliación y arrepentimiento por parte de quienes han maltratado sin medida al pueblo colombiano. No fue el caso, y desde entonces la cosa no mejora.

Y es que cada vez que hablan enredan más las cosas, y cuando menos dan algo de risa, como cuando Márquez invitó a los harlistas del mundo a unirse en torno al proceso de paz. Lo cierto es que cada intervención de los voceros de las Farc es un desvarío, una burla, una amenaza, una nueva ofensa para el pueblo colombiano. Son matones y como matones se comportan, aún en los momentos en los que se requiere al menos una dosis de cordura.

Debe ser que los terroristas de las Farc están convencidos de que irán de insulto en insulto y de agravio en agravio a través del perdón hasta las curules del Congreso. Por eso no pierden oportunidad para hablar de constituyentes y no descartan el referendo popular para dar legitimidad a los acuerdos a los que eventualmente se llegue en la mesa de negociación. Sin embargo, tanta animosidad parece que no será posible si las cosas siguen como van. Por cuenta de las ruedas de prensa de las Farc y sus atentados terroristas, el proceso ha desafiado hasta el deseo más íntimo de los colombianos por alcanzar la paz. La última encuesta de Gallup es extraordinariamente elocuente en la materia y refleja con claridad el rechazo de la mayoría de los colombianos a este grupúsculo de insubordinados que dicen hacer una revolución mientras inmolan a quienes pretenden redimir.

Hoy, ni la mitad de los colombianos está dispuesta a sacrificar algo de justicia para negociar la paz. La idea de insistir en los diálogos hasta llegar a un acuerdo de paz es algo que se desvanece con el tiempo y en sólo cinco meses ha perdido 11 puntos porcentuales. La gente que está en desacuerdo con el Gobierno por haber iniciado el proceso de paz ha aumentado en 9 puntos desde octubre y el 62% de los colombianos no cree que se pueda llegar a un acuerdo final.

Y aun avanzando en la agenda, lo que por ahora parece un imposible, la gente no cree que la guerrilla cumpliría con su parte en los acuerdos. El 85% de los colombianos desconfía de Timochenko y su cuadrilla a la hora de reparar a sus víctimas y un porcentaje similar está seguro de que no aportarán nada para ayudar a combatir el narcotráfico. Pero lo más grave para las Farc es que el 79% de los colombianos rechaza la posibilidad de que los guerrilleros hagan política sin pagar por sus delitos y el 94% no quiere saber nada de ellos. Como ven, para que las Farc hagan política no sólo hay límites de constitucionalidad y de legalidad internacional sino también de legitimidad interna.

¿Será tan grave el desahucio y tan grande la arrogancia que serán capaces de perder La Habana como ya perdieron el Caguán?

 

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