Por: Felipe Zuleta Lleras

Perdido en la política

Además de las preocupaciones que a diario me asaltan al saberme gobernado por una ciudadano como Uribe, cuyos vínculos del pasado lo persiguen, y cuyos reveses y desaciertos lo tienen confundido y errático en sus decisiones, siento una especial admiración hacia el vicepresidente Francisco Santos Calderón.

Pacho, como lo conocemos los colombianos, se jugó su carrera como periodista acompañando a Uribe como su vicepresidente. Siempre he pensado que el periodismo nacional perdió un excelente periodista y no se ganó un gran político. No porque Santos no tenga todas las calidades para ejercer un cargo público con lujo de detalles, como lo ha hecho, sino porque es demasiado decente para tener que recibir órdenes o compartir su trabajo con un séquito de personajes que lo que menos producen es aprehensión, y no estoy hablando sólo del primo de Pablo Escobar.

Francisco no viene de una familia de políticos, aun cuando se piensa lo contrario. Él nació, creció y se formó entre importantes periodistas. Aprendió de su padre Hernando y de su tío Enrique. Trabajó, siendo muy joven, con maestros periodistas como Daniel Samper y Alberto Donadío. Estudió para ser periodista, se preparó para ser periodista y se destacó como un magnífico periodista.

Sin embargo, lo picó el maldito y pernicioso bicho de la política e incurrió en ella con quien no tocaba. En ese momento perdimos un gran comunicador y quienes lo admiramos empezamos a padecer por él. Desde su primer día como Vicepresidente le hemos visto apagar incendios, ponerles la cara a los problemas, afrontar con valentía a los corruptos y, por supuesto, tratar de lavarle internacionalmente la cara a un gobierno con una dudosa reputación y cuyos vínculos con los paramilitares y narcos es por todos conocida.

De Francisco podemos decir que es mucho más que “una persona químicamente buena”, como melancólicamente lo definió el presidente Uribe, en un gesto de poca generosidad con quien le ha servido bien y a tiempo.

Santos es mucho más que eso, así Uribe no lo piense. Es un ser decente, sin ataduras con delincuentes, inteligente, capaz, honesto, trabajador, generoso y con clase. Y por eso mismo se le volvió incómodo a Uribe. Pero sobre todo de Santos se puede decir lo mismo que alguna vez Gabo sostuvo sobre Alberto Lleras: Es un periodista perdido en la política.

Por todo eso me atrevo a afirmar que se equivoca el presidente Uribe si cree que puede salir de Francisco Santos mandándolo a una embajada, porque otra de las cualidades que Santos tiene y de la que Uribe adolece es dignidad.

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Notícula: La desenmascarada que le pegó Chávez a Uribe es incuestionable, pues el coronel contó que El Mesías le dijo que estaba dispuesto a reunirse con Tirofijo, cuando ha montado toda su reelección en contra de las Farc. Olvida Uribe que uno no le puede mentir a todo el mundo al mismo tiempo.

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