Por: María Antonieta Solórzano

¿Perdón y arrepentimiento?

Nos da esperanza ver que una guerrillera que se arrepiente, intenta reparar el daño infligido a un niño y suspende el secuestro para devolverlo a su hogar. Nos encoge el alma ver las imágenes y leer los testimonios de la muerte en vida que llevan los secuestrados. Nos produce admiración saber que Íngrid ha tenido la fuerza de carácter y autodeterminación suficientes para "renunciar a cualquier deseo" como única expresión de libertad y dignidad, como única forma de evitar que sus propios deseos e ilusiones le permitan a sus captores doblegarla.

Nos produce indignación y confusión notar que personas, en virtud de una supuesta ideología, se crean con el derecho de convertir la vida en mercancía política; y más grave aún, que imaginen que tienen una propuesta que los convierte en líderes.  
Estos hechos nos despiertan la conciencia para afirmar que nadie en ningún tiempo, ni lugar de la Tierra ha tenido, tiene o tendrá justificaciones políticas suficientes para subyugar o doblegar a otro ser humano.

Lamentablemente la historia de la humanidad ha conocido numerosos personajes y sociedades que se han adjudicado esa impugnable potestad. Algunos de ellos han sido capaces, sin embargo, de un acto de reflexión para cambiar la manera de pensar al reconocer las distintas dimensiones de la realidad y así, abandonar para siempre viejas costumbres y hábitos. Realizaron acciones con las que intentaron reparar el daño.

Por ejemplo, el pasado 17 de noviembre, casi 30 años después del secuestro y asesinato de Aldo Moro, su hijo Agnese Moro y Alberto Franceschini, fundador de las Brigadas Rojas y uno de los máximos exponentes de este grupo terrorista que se disolvió definitivamente en 1987, se abrazan haciendo evidente el arrepentimiento de uno y la capacidad de perdón del otro.

Un acto de tal magnitud puede ser considerado patrimonio de la humanidad o, por lo menos, como un triunfo sobre las ideologías que pretenden resolver conflictos a partir de la violencia. Susana Ronconi, también miembro de las desaparecidas Brigadas  Rojas, dice: “Yo creo haber pedido perdón a los parientes de las víctimas miles de veces, comenzando por el momento mismo en el que abandoné la organización armada a la que pertenecía. Pero, soy consciente de que no se puede volver atrás y de que no puede haber un verdadero resarcimiento a los familiares de las víctimas. Lo que yo puedo   hacer en estos momentos es difundir un discurso de crítica radical sobre el uso de la violencia en la lucha política”.

El arrepentimiento es una sensación que se experimenta tras darse cuenta de que se ha cometido un grave error debido a nuestra manera de entender las relaciones, la vida y el mundo, lo cual lleva a asumir con responsabilidad las consecuencias de los propios actos y, además, a realizar tareas y acciones de reparación. De manera diferente, el remordimiento se caracteriza por una sensación de malestar y culpabilidad que conduce a acciones y comportamientos de autocastigo, sin compromiso total de abandonar las formas de pensar que condujeron al daño.

Sólo podremos trascender la violencia en la que estamos inmersos y sembrar las semillas para formas de convivencia más justas, el día que tengamos el valor para no doblegarnos, la claridad de conciencia para arrepentirnos y la generosidad de alma para perdonar.

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