Por: José Roberto Acosta

Peres "troika" capitalista

Es paradójico que esté de moda la “troika” europea, compuesta por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, adelantando el proceso de reestructuración al sistema económico de su zona,...

Es paradójico que esté de moda la “troika” europea, compuesta por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, adelantando el proceso de reestructuración al sistema económico de su zona, veinticinco años después de que el modelo de economía centralmente planificada, liderada por la desaparecida Unión Soviética, entrara en su recta final con los planteamientos de Perestroika o reestructuración hechos por Mijail Gorbachov. ¿Hasta dónde son similares estos dos procesos?

Definitivamente es necesaria una reestructuración de fondo del actual sistema de libre mercado, en la que la no regulación, o más bien permisividad excesiva, al sistema financiero global y a sus flujos de capitales especulativos, sea considerada como una variable peligrosa para la estabilidad económica y social. Ya los alemanes aprobaron darse la pela y responder por la oveja negra del barrio. Sin embargo, Grecia no es el único descarriado y pone en evidencia una lógica perversa que no es sostenible colectivamente sin que la reacción de diferentes grupos de interés se exacerbe en actos de confrontación violenta.

Alemania por amplia mayoría y otros 10 de los 17 de países de la Eurozona, ya respaldan políticamente el plan que ayudaría para que Grecia no caiga en cesación de pagos, pero esto no constituye una solución estructural, ni eliminaría el problema de insolvencia fiscal, cada vez más agravado por los descendentes pronósticos de crecimiento económico y por una camisa de fuerza como es el tener una moneda única, que no permite que los países ganen competitividad mediante devaluación de sus monedas.

El sistema está sufriendo desde sus bases un gran remezón y es necesario adelantar un proceso de reestructuración de fondo, no sólo en regulación, que reconozca que ese cuentico de la “mano invisible” es casi una manifestación religiosa, sino de actitud política, en que la solución de la actual crisis afecte principalmente a los responsables instaurados en ese “Politburó financiero” que hasta el momento han sido intocables.

Nadie imaginó que el proceso de Perestroika acabara con la Unión Soviética y creo que tampoco hay muchos que sepan dónde terminará la actual “troika” capitalista concentrada en el problema europeo. Mientas tanto, la volatilidad de los mercados seguirá y una nueva ola de volatilidad ideológica empezará a soplar desde el Viejo Continente.

 

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