Por: Augusto Trujillo Muñoz

Perestroika

Hace 30 años fue derribado el muro de Berlín. Fue como un ajusticiamiento de la historia. Allí terminó una experiencia de 70 años que ofreció la construcción de un mundo nuevo, pero colapsó en medio de sus propias contradicciones. Tal vez su mayor problema fue privilegiar la ideología sobre la democracia.

El líder de Alemania Oriental, Erick Honecker, había expresado meses antes: “El muro permanecerá 50 años, incluso 100 años, existirá mientras permanezcan las razones que lo hacen necesario”. Oficialmente era una protección contra el fascismo, pero el verdadero motivo era más trivial: había que evitar la fuga de cerebros y de mano de obra calificada hacia el oeste.

La caída del muro cambió la historia de Europa, su geografía, su política. Modificó algunos ejes del Estado y los dictados de la economía en términos que mostraron horizontes esperanzadores. El siglo XXI se anunció con euforia, optimismo y entusiasmo. La perestroika de Mijaíl Gorbachov demostró que la organización de una sociedad sustentada en las libertades democráticas es incompatible con los comunismos.

El mundo ya sabía que tanto las libertades como las prácticas democráticas repugnaban también a los fascismos. De manera que el colapso del socialismo real despejaba el futuro hacia una gobernanza universal más tranquila y solidaria. Pero no fue esa la atmósfera que trajo consigo la nueva centuria. De un escenario internacional equilibrado por el poder de dos grandes potencias, pasamos a una aldea global que se muestra fuera de control. La política, como sustituto de la guerra, no logra consensos sociales.

Entramos al nuevo siglo sin brújula. El Estado se nos volvió demasiado pequeño para lo grande y demasiado grande para lo pequeño. Ulrich Beck se atrevió a decir que aquellos a quienes hemos elegido no tienen poder, y que a los que tienen poder no los hemos elegido. El siglo XXI parece empujar al mundo cuesta abajo, por un despeñadero no sólo político sino también climático, económico, intelectual y ético.

Nuestra América buscó refugio en un espacio rescatado por la Constitución colombiana: Estado social de derecho y economía social de mercado. Fue una fórmula de consenso, diseñada pensando en la convivencia. Pero en este sur, el socialismo del siglo XXI ancló en el pasado la historia y revivió la lógica absurda de la guerra como sustituto de la política. Y en el norte, la misma lógica decidió amenazar con otro muro de ignominia.

Este aniversario de la caída del muro de Berlín pone de presente las incoherencias y contradicciones de quienes ven el futuro a sus espaldas. Suelen llegar al límite del inmovilismo, manejando engañosas victorias e imaginando inexistentes certezas. Está bien recordar la caída del muro de Berlín en nuestra América. Pero estaría mejor recordar la Perestroika que parece ser necesaria de nuevo, para iluminar el horizonte de estos pueblos sin brújula, que siguen sin encontrarse a sí mismos.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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