Por: Catalina Ruiz-Navarro

Perreo combativo

“¿A qué hora es el perreo combativo ese?”, preguntó el cantautor boricua Tommy Torres en su cuenta de Twitter la semana pasada, luego de que artistas como Ricky Martin, Bad Bunny y Residente, activistas y ciudadanía, convocaran a un perreo el 24 de julio en las escalinatas de la Catedral Metropolitana Basílica de San Juan Bautista en Puerto Rico, como forma de protesta para pedir la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló. Latinxs del mundo, particularmente en la isla y en Estados Unidos, salieron a perrear a las calles. Esa noche, Rosselló anunció su renuncia, que será efectiva mañana, 2 de agosto.

¿Fue el perreo lo que tumbó al gobernador de Puerto Rico? En parte sí, pero este logro de la ciudadanía no es monocausal. Entre el 9 y el 13 de julio la prensa local empezó a publicar fragmentos de un chat en el que Rosselló hacía comentarios machistas, homofóbicos, racistas y clasistas. El 13 de julio, el Centro de Periodismo Investigativo publicó las 889 páginas del infame chat que se convirtió en símbolo de todo lo que estaba mal con el gobierno de Puerto Rico.

Hace dos años, el huracán María devastó la isla y los y las puertorriqueñas aún no se recuperan. La falta de apoyo por parte de Estados Unidos y la visita de Trump para tomarse fotos tirando papel higiénico evidenciaron que Puerto Rico es una colonia que no alcanza a ser ni país independiente, ni estado americano, y esto hace que los y las boricuas sean ciudadanos de segunda categoría. Pero el desamparo tras el huracán forzó a la organización comunitaria. Dice Ana Teresa Toro en The New York Times: “En este país la gente talló tablas para lavar ropa, coordinó comedores comunitarios, cuidó vecinos, hizo filas de 12 horas para cargar gasolina y conseguir hielo, vio a sus familiares migrar, enterró a sus muertos como pudo y cuando pudo”. Estas articulaciones que comenzaron como una estrategia para sobrevivir se convirtieron naturalmente en una estructura para la movilización política.

En todo esto el papel de los artistas fue clave: el rango de gente al que llegan Residente, Bad Bunny y Ricky Martin incluye todas las clases sociales, y llegado el momento los tres entendieron que a los públicos contemporáneos les importan las posturas éticas y políticas de los y las artistas. De paso, las protestas mostraron el potencial político del reguetón por ser música popular y para las masas. El perreo, además, es un poderoso gesto anticolonial porque es una rebelión frente a esas “buenas maneras” en las que nos adoctrinaron los colonizadores. Reconquistar el cuerpo, portarse “mal”, cuando portarse bien es seguir las normas blanco-europeas vergonzantes del cuerpo, es un primer paso para la liberación política. Ya lo decía hace años Residente: “El reguetón se te mete por los intestinos, por debajo de la falda como un submarino y te saca lo de indio taíno”. Es también por esas ideas de “pudor”, “vergüenza” y “responsabilidad” (contra las que canta el reguetón) que se ha trivializado la fiesta, cuando, y esto lo sabe muy bien la comunidad LGBTIQ, la fiesta es un espacio político.

¿Por qué esto no pasa en Colombia? Llevamos décadas estigmatizando la movilización social y nuestros artistas, especialmente los que son conocidos en el exterior, sienten que tienen que ser excesivamente bien portados porque cargan con el estigma de la violencia y el narcotráfico. También tenemos que preguntarnos a quién le cantan nuestros cantantes. Muchos de nuestros artistas más populares vienen de clases dominantes y les cantan a las clases dominantes; otros, que salen de las clases populares, evitan ser políticamente incómodos pues es el precio que tienen que pagar para ser aceptados en la competitiva industria de la música y el entretenimiento. Pero, cada vez más, el público colombiano, especialmente los y las más jóvenes, se atreve a tomar partido y a tomarse las calles (como lo mostró la marcha del viernes pasado) y estos cambios en las audiencias poco a poco a poco harán que los y las artistas tengan que politizarse (ojalá en favor de los derechos humanos).

@Catalinapordios

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