Por: Daniel Pacheco

Perro come perro

AL PERRO MALO DE MI CUADRA LE dicen ahora Don Mario. Un reflejo de la forma en la cual se presentó, de múltiples y poco sutiles maneras, la captura de Daniel Rendón.

El ministro Santos le puso palabras a la foto del general Naranjo, el coronel Pinzón y los demás policías de la Dijín posando con sus fusiles alrededor de la presa capturada: “Estaba acorralado, virtualmente como un perro”. Don Mario, amarrado con correas de plástico y cruzado de piernas frente a su cambuche, mira con cara de animal asustado.

El escondite del capo eran unas cuantas tablas arrumadas contra una palma. Un escondite primitivo, sin puntillas ni tornillos. Según un campesino de la zona, citado por la prensa, Don Mario había dicho que prefería esconderse “donde duermen los animales”, luego de haber sido abandonado por sus últimos guardaespaldas. Ahí mismo, agregó el coronel Pinzón, fue donde lo encontraron, “abrazado a una palmera, comiendo arroz a manotadas”.

El perreo de Rendón se redondea en los titulares: “Con perros, capturan a Don Mario”. La noticia registra que el uso de los animales fue clave para que el escurridizo capo no se volara. Lo semejante conoce a lo semejante, dirían los griegos. Pero además el sentido del titular es doble, pues agrega la nota que el capo fue encontrado compartiendo pulgas con un can en su cubil.

La cereza en el ponqué llega con la anécdota escatológica de un Policía, quien confirma el aislamiento de Don Mario con pruebas de que “defecaba” a metros de donde fue capturado. El uniformado no aclara si usaba papel, por lo que la imagen de las manotadas de arroz se vuelve aún más perturbadora.

No sé si esto es parte de una estrategia coordinada. Y si lo es, no es fácil encontrar explicaciones racionales de qué se quiere lograr con ella. Lo que deja el perreo de Don Mario son sensaciones fuertes. Tranquilidad porque una bestia ha sido aplacada. Admiración y respeto hacia los cazadores. Venganza de todos los horrores cometidos por el animal en el pasado. Sensaciones primitivas que nos unifican como miembros de la jauría vencedora.

En mi cuadra la gente también se está uniendo para hacerle la cacería al recientemente bautizado Don Mario. El perro se convirtió en la fuente de todos los males del barrio. Cada vez que alguien pisa excremento es culpa de Don Mario, cada vez que a alguien lo pica una pulga es culpa de Don Mario. Pero en vez de despulgar a sus propios perros y recoger sus excrementos, todos buscan el sosiego en la muerte de Don Mario.

danielpachecosaenz@gmail.com

 

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