Por: Eduardo Sarmiento

Perspectivas electorales

El certamen electoral en un principio adquirió la forma de enfrentamiento entre la paz y la guerra de dos personajes que compartieron el mismo gabinete y el mismo partido. Al parecer, las actitudes extremas están orientadas a estimular reacciones emocionales sobre un tema que debe estar alejado de los intereses electorales. El proceso de paz tiene su propia dinámica y va más allá de la voluntad presidencial. Cualquiera que sea el primer mandatario tendrá una seria presión nacional e internacional para continuar las negociaciones, suscribir el acuerdo y acudir al referendo o la asamblea constituyente para ratificarlo con la opinión pública.

Las encuestas de la primera vuelta no dieron la medida. Si bien acertaron en anticipar a los dos ganadores y la segunda vuelta, resultaron imprecisas en términos estadísticos. En todas las encuestas, con excepción de la de Napoleón Franco, la diferencia entre los dos punteros, y la participación de los tres siguientes superaron el margen de error. En realidad, la información más confiable son los registros de la primera vuelta que incluye al 75% de los electores totales. Para empezar, la diferencia de 3.6% de los dos candidatos es pequeña en la realidad, pero grande en términos estadísticos, toda vez que supera el margen de error. A menos que la muestra de los nuevos votantes presente un comportamiento muy distinto con respecto a la primera vuelta, el resultado se replicaría.

Para remontar el resultado de la primera vuelta, Santos tendría que obtener una ventaja de 15% en la nueva muestra, lo cual no es fácil. Por cada dos votos que vayan donde Zuluaga, Santos tendría que captar tres. El único que podía movilizar este grupo de nuevos votantes era el propio candidato – Presidente con ideas diferentes de la primera vuelta. No bastaba el compromiso de la paz, en parte porque ya se había manifestado en la primera vuelta. Había que disipar el dilema de votar por la paz y darle un cheque en blanco a Santos para continuar con las mismas directrices y políticas de su gobierno. En el fondo, significa concederle patente de corso a la locomotora de la minería, a la cuantiosa revaluación, los TLC y el déficit en cuenta corriente, el retroceso de la industria y la inconformidad campesina, a la baja de los gravámenes al capital, y a la incompetencia para reglamentar y administrar la salud y la educación.

Ante el apoyo de los sectores progresistas, lo mínimo que se podía esperar de Santos es un compromiso programático para modificar los elementos del modelo económico que contribuyeron a conformar una de las sociedades más inequitativas del mundo. Infortunadamente, las propuestas y compromisos nunca llegaron y las encuestas de las firmas más confiables señalan que la muestra de nuevos votantes replica la de la primera vuelta. La encuesta de Napoleón Franco da como ganador a Zuluaga con una diferencia de 8 puntos y Gallup de 0.7, en tanto que el Centro Nacional de Consultoría le da 2 puntos de ventaja a Santos. Sin embargo, falta por contabilizar el cumulo de adhesiones a Santos en la última semana y su mejor desempeño en los debates televisados.

La suerte está echada. En la actualidad las tendencias estadísticas de la primera vuelta y las encuestas le dan ventaja a Zuluaga. Por su parte, las adhesiones, la publicidad y los debates benefician a Santos. De todas formas, las percepciones y sentimientos sobre la enorme importancia de las elecciones en el futuro del país han exacerbado los ánimos y pueden dar lugar a cambios drásticos de última hora. El resultado final será apretado, y el presidente se elegirá con una pequeña diferencia de votos.
 

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