Por: Columnista invitado

Pescando la ballena

Por Guillermo Carvajal*

La verdad es que no la estamos pescando a ella, sino que ella nos está pescando a nosotros. Y los medios les están haciendo el juego a sus productores. Con el artículo de una página entera de El Tiempo dedicado a La ballena azul les puedo asegurar que si había miles de niños y adolescentes en Colombia dedicados a este juego, ahora habrá decenas de miles y la millonaria cuenta en dólares de sus creadores aumentará apetitosamente.

Estamos siendo idiotas útiles al hacerle publicidad a un juego, lo que además rompe el acuerdo de caballeros del pacto de silencio que tienen los medios de no hablar ni darle publicidad al suicidio. Sabemos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que el suicidio es la más prendediza de todas las dolencias humanas. Publicitar, o hablar o dedicarle páginas y alboroto a La ballena azul es caer en la trampa de volver viral un estúpido y peligroso juego.

Quiero recordarles que los adolescentes, y en particular los púberes dada su crisis de buscar una nueva identidad, son altamente susceptibles de caer en modas con elementos dañinos por aquello de la fascinación por la muerte, propia de la tristeza adolescencial. No confundir ésta con depresión, lo que ha hecho mucho daño a los menores, calificados de enfermos sin serlo y muchos medicados por esto, en lugar de ser escuchados.

Les recuerdo algunas de estas modas: la necesidad compulsiva de ser como “ganchos de colgar ropa”, copiando a las famélicas modelos de las pasarelas y buscando una nueva identidad corporal ideal, lo que llevó a muchas de nuestras adolescentes de manera masiva hace años a lo que dieron por llamar anorexia nerviosa, que preferimos darle el real nombre de pseudo-anorexia. Ésta fue reemplazada lentamente por la segunda moda de cortarse, en particular brazos y piernas, con el placer masoquista concomitante. De ahí han saltado al “sexting”; para los que no lo sepan, se trata de la moda de fotografiarse los genitales y enviárselos a sus amigos más cercanos, con el placer exhibicionista agregado. Ahora estamos viendo la moda de enviar todo tipo de actividades sexuales en el Facebook, con detalles de lo realizado, en un exhibicionismo que raya en el auto-ultraje, pero en donde lo importante es salir en la red y ojalá lograr algo de la epidemia viral esperada. “Me ven, luego existo”, es el nuevo lema. Y ahora vino otra moda: La ballena azul.

Convocamos a todos, a la comunidad entera, obviamente, y en particular a los medios de comunicación, a no volver nadie a hablar del tema de manera masiva. Simplemente que lo manejen en su casa los padres de quienes han accedido o tienen curiosidad sobre el tema, en el interior de sus hogares y de manera descomplicada, tranquila y amorosa.

Pero sobre todo la labor educativa les toca a los colegios emprenderla. También allí de manera individual con los alumnos comprometidos con la temática y hecha en los departamentos de psicología, de manera personalizada y adecuada a los procesos que se vayan dando, no olvidando todos que se trata de luchar contra la fascinación por un suicidio exhibicionista que promueve este perverso juego.

Ya pasará esta epidemia. Esperamos que la próxima sea menos destructiva.

* Médico, psicoanalista con más de 30 años de experiencia en adolescentes.

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