Por: Iván Mejía Álvarez

Pésima gestión

Toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar. La Dimayor ha vivido una semana nefasta en la que ha quedado absolutamente claro que el desgobierno y la falta de autoridad, racionalidad y transparencia son evidentes.

El presidente de la Dimayor aceptó en agosto el reclamo del sindicato de jugadores para terminar el torneo el 10 de diciembre. Fecha extraña, pues nunca antes el fútbol clausuraba labores en esa fecha. De malas Perdomo, pues vino la huelga de pilotos en Avianca, el cierre de El Campín por destrozos en la cancha y la clasificación del Júnior a semifinales de Copa Sudamericana, evento que, como mínimo, debía haber previsto el titular de la Dimayor. Estas contingencias obligaron a un cambio de planes y entonces el torneo deberá jugarse, como siempre, hasta el 20. El sindicato se siente atropellado y falseado, con razón, y Perdomo lo único que atina a decir es que él no firmó nada, como si la palabra no valiera. Demasiados errores y ligereza en el manejo de un tema en el que nunca debió negociarse, porque quien determina las fechas es el patrón, los clubes, como es lo normal. Pero, como se gobierna a punta de acuerdos, mermelada, pactos, viajecitos y prebendas, ahí están las consecuencias.

El presidente de la Dimayor fija las 3:30 p.m. del sábado como horario para disputar la última fecha del torneo regular. Y viene la protesta de quienes se sienten afectados: América, Bucaramanga, Tuluá y Medellín, porque el horario es el único en que puede jugar Jaguares. Se legisla favoreciendo al infractor de la norma de tener iluminación. Claro que resulta extemporánea la protesta de quienes aguantaron durante todo el año que en Montería y Neiva se juegue a esa hora y sólo ahora se dan cuenta de la desventaja deportiva. Si el presidente de la Dimayor no hubiera dado muestras durante todo el año del abierto favorecimiento a Jaguares, empezando por el ridículo y estrambótico cambio de pareja para los clásicos, nada habría pasado. Pero hoy todos confirman sus sospechas y Perdomo está bajo vigilancia porque no fue equitativo y le torció el pescuezo al reglamento para ayudarle en forma descarada a Soto.

Los dirigentes hablan en voz baja, cuchichean, están incómodos y molestos, no ven garantías y tampoco observan gestión administrativa y económica. La gasolina de los viajes y la repartición de dinero no alcanza para que el carro camine bien, comparan con los antecesores y se está cocinando una revuelta interna contra la actual administración.

Lo peor es que quedan temas: el G8 vs. los pequeños, la ausencia de patrocinio para el torneo femenino y la televisión. Esto apenas está comenzando y pinta muy mal.

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