Por: Mario Fernando Prado

Petardos en Bogotá

Imposible pasar por alto los aleves atentados que vienen perpetrando las Farc —a decir del alcalde Petro— en plena capital de la República.

 

 Imposible pasar por alto los ves atentados que vienen perpetrando las Farc —a decir del alcalde Petro— en plena capital de la República. Que los petardos sean de bajo poder explosivo y que no hayan dejado sino dos policías y un civil heridos (!) no significa que se trate de algo sin importancia.

Por el contrario, la narcoguerrilla, por haber llegado a la capital con su mortal proceder, le está poniendo más gasolina a sus exigencias maquiavélicas —otrora en pueblos abandonados del sur de nuestra geografía— y pareciera decir que, como a lo que perpetraban por allá no le pararon bolas, pues ahora les va a tocar sufrirlo en carne propia porque ya están llegando a las puertas del palacio presidencial.
Y es una lástima que con el furor mundialista y los triunfos de los colombianos, amén de la victoria santista —que es también una victoria para las Farc—, estén recurriendo ahora a semejantes chantajes y presiones para hacerse sentir más y mostrar su criminal poder destructivo contra la población civil, aquella que desde La Habana dicen que nunca han tocado...

No se entiende, pues, que en un momento tan favorable para los siete mil farianos, cuyas cabezas siguen hablando de paz, se vengan con seis petardos que lógicamente han atemorizado a la ciudadanía y la han puesto alerta frente a lo que puede sobrevenir si es que la autoridad no reacciona y neutraliza a los terroristas.

Pero también se espera por parte de los negociadores del Estado un pronunciamiento que vaya más allá de sus ya habituales protestas que, sumadas a las del ministro Pinzón, se han convertido, desafortunadamente, en palabras que se lleva el viento frente a las cuales los autores intelectuales se sonríen cínicamente.

Pero como la apuesta por la paz parece que es a todo costo, se pensaría que estamos frente a un callejón sin salida en el que quienes ponen las condiciones hace rato se pasaron de castaño a oscuro y ahora están mostrando su poder en pleno centro de Bogotá.

Y si dicen que no han sido las Farc las autoras de estos actos, ¿por qué entonces el mismo alcalde Petro se atrevió a sindicarlas como responsables? ¿Será que tiene fuentes de alta fidelidad que le contaron o se trata simplemente de la percepción de un avezado exguerrillero?
 

 

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