Por: Catalina Uribe

Petristas y uribistas

Los resultados tan disímiles de las recientes encuestas presidenciales causaron conmoción y desconcierto entre muchos colombianos. Para algunos fue extraño ver que según una firma encuestadora ganará Petro; según otra, Fajardo, y en otras lidera el voto en blanco. Pero estos resultados no son raros si se tienen en cuenta factores como la insignificante distancia porcentual entre un candidato y otro, el tiempo que falta para las elecciones y las alianzas políticas por definir.

Hay además otro factor que debemos recordar pues seguirá influyendo futuras encuestas: la falta de identidad partidista. Los colombianos, más que afiliarse a un partido político, votan por candidatos. No en vano llevamos varios años experimentando la creación de nuevos partidos con la única intención de promover un personaje y no un conjunto de valores. De ahí el Partido de la U para Santos (o Uribe en su momento), el Centro Democrático para Uribe, Cambio Radical para Vargas Lleras o Progresistas para Petro.

Tan inestables serán los partidos, que sus nombres comienzan a relegarse. Hablamos ahora de petristas y uribistas, los dos grupos de votantes más fieles a sus candidatos. Lo interesante es que estos personajes con proyectos de país tan disímiles son los que más se asemejan. Ambos tienen la imagen de grandes hombres traicionados o maltratados por el establecimiento, que son sin embargo capaces de liberar a los colombianos de sus males y ofrecerles por fin nuevos escenarios. Son los únicos candidatos que promueven un cambio real, un cambio radical. Y, pues bien, si a la promesa se junta el deseo del milagro, resultamos con una cantidad de creyentes.

Muchos ven las encuestas como un mecanismo de influir en los votantes pues nadie quiere “perder su voto”. Pero no hay que olvidar que los petristas y uribistas hace mucho definieron su mente. Una vez sea decidido el candidato uribista veremos cómo, incluso antes de propuestas y debates, ya habrá fanaticada de un lado y del otro. Es extraño cómo, por mucho que hablemos de razón, lo que nos mueve es la imaginación y el deseo. Pero lo cierto es que no vamos a salir de pobres, ni vamos a superar la violencia de la noche a la mañana. Ese es un trabajo que se hace poco a poco, y dentro del respeto por las instituciones.

 

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