Por: Daniel García-Peña

Petro alcalde

Al comienzo, fueron once. Luego, nueve. Ahora las encuestas dicen que sólo quedan tres. Pero en realidad, más allá de las candidaturas, en últimas, este domingo en Bogotá se enfrentan sólo dos proyectos de ciudad.

Una es la Bogotá que se expande sobre los humedales de la sabana, como Miami se comió los pantanos de los Everglades, que confía más en el centralismo tecnocrático que en la participación ciudadana, que confunde el urbanismo con la urbanización, que equipara el interés general con la magia del mercado y que profundiza las tendencias actuales que aumentan la desigualdad. Y como si esto fuera poco, ahora condimentado con el “todo vale” de Uribe.

Y el otro proyecto es el que nos invita a construir Gustavo Petro. Por primera vez ha puesto en el debate público temas como el derecho fundamental al agua, la mitigación del cambio climático, la densificación del centro y la educación preescolar. Ha presentado propuestas concretas y viables para darle a quienes están excluidos oportunidades de acceso al crédito, espacios y educación, herramientas claves para pensar, crear y producir riqueza. Petro entiende que, para construir ciudad, primero hay que construir ciudadanos.

Incapaces de refutarlo en el terreno de las ideas, se han dedicado a atacarlo en lo personal o descalificarlo por hablar bonito. Ciertamente, Petro nos convoca a objetivos ambiciosos, que implican transformaciones profundas y metas colectivas que no se logran de un día para otro. Por ello, lo han tachado de populista, una hermosa palabra que ha sido degradada a ser sinónimo de demagogo.

Lo verdaderamente irresponsable y engañoso es mantener el statu quo y no asumir las tareas grandes e inaplazables. Peñalosa se quedó en el siglo XX, mientras Petro nos invita a meternos en el XXI.

A los gerentes los contratan los dueños de las empresas para administrar el negocio. Bogotá no está eligiendo un gerente sino que requiere un líder.

Hoy, eso implica no sólo tener claro cuáles son los objetivos, sino la capacidad de combatir la corrupción y desmantelar las mafias que se benefician de ella. Aunque es importante repetir que los recursos públicos son sagrados y nadie niega que los juegos pedagógicos pueden ayudar a formar la cultura ciudadana, son insuficientes frente a estas redes criminales sofisticadas y con frecuencia entroncadas en el Estado. Sólo Gustavo Petro tiene la experiencia real y efectiva de enfrentarlas, con la seriedad, inteligencia y valor que demostró en la parapolítica a nivel nacional y el carrusel de la contratación en Bogotá.

No es suficiente que Petro gane. Se requiere un buen Concejo, más aún con el riesgo inminente de que sean reelegidos los del cartel de la contratación. De lejos, la mejor lista y la más limpia es la de Progresistas, encabezada por Carlos Vicente de Roux, que incluye muchas personas excelentes, como Angélica Lozano, Roberto Sáenz y María Fernanda Rojas. Yo votaré por María Valencia Gaitán (#26), no sólo por ser mi esposa y nieta de Gaitán, sino sobre todo por su conocimiento y compromiso con la revitalización urbana democrática y sostenible del centro.

[email protected] @danigarciapena

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