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hace 37 mins
Por: Pedro Viveros

¿Petro, el barón electoral detonante del uribismo?

A veces por estar concentrados en las elecciones locales olvidamos lo que sucede en el ámbito nacional. Como dice el refrán “por mirar el árbol no vemos el bosque”. Por estar pendientes del próximo alcalde o alcaldesa de Bogotá (sufrimos de “cachacodependencia”) nos olvidamos de lo que se viene en dos años: las elecciones presidenciales. En eso Gustavo Petro trabaja desde el mismo 17 de junio de 2018, cuando obtuvo la votación más alta que haya registrado un candidato de izquierda en Colombia: 8 millones votos en la segunda vuelta.

El hoy senador de la Colombia Humana no detiene su intención de acceder a la presidencia en 2022. Para ello logró consolidar una alianza con varios partidos políticos con personería jurídica para participar en las elecciones regionales y locales como la Unión Patriótica o el MAIS. Ambas colectividades, con tal de tenerlo en su tarjetón, cambiaron sus estatutos para contar con el sector del exalcalde de Bogotá. La Colombia Humana no podía medirse en estos comicios como partido ya que no contaba con el umbral de las elecciones de Congreso. La silla que ocupa actualmente el senador Petro fue el resultado de un cambio constitucional, producto de los acuerdos de paz, útiles para ejercer oposición al gobierno de turno.

La estrategia del “petrismo” tiene un solo objetivo: ser él el único candidato con aspiraciones presidenciales que tenga votos propios el próximo 27 de octubre. ¡Mientras la centro derecha piensa en las locales, la centro izquierda piensa en las presidenciales! Por eso busca de forma milimétrica ubicar seguidores, parientes, vecinos y amigos para tenerlos en el juego político bien sea en Bogotá, Atlántico, Cundinamarca, Córdoba, Magdalena (en Ciénaga durante una manifestación de respaldo a su candidato a esa Gobernación, aprovechó para cerrar su discurso con la frase de combate: me llamo Gustavo Petro y quiero ser su presidente), Valle del Cauca, o en municipios como Cota, para no hablar de listas a Concejos Municipales o Asambleas Departamentales.

Pero no es solo una disputa puramente electoral la que promueve Gustavo Petro. La determinación también tiene como foco la ideología. Los discursos de sus candidatos tratan de disfrazar los temas de su pasada intención presidencial: la lucha contra el cambio climático, la defensa del agua o la urgencia de tener una reforma agraria, en aspiraciones puramente locales. Atención, esos argumentos y la animadversión a Álvaro Uribe lo llevaron a acariciar la Casa de Nariño. Petro, estratega político, sabe que de un discurso que se repite más de siete veces algo queda.

El líder de la Colombia Humana desde que aceptó las condiciones de la democracia y sometió su nombre al escrutinio público no ha hecho otra cosa que crecer en sus propios resultados. Las cifras están allí. Elección tras elección consolida sus partidarios. Hoy, sin rivales evidentes en la escena política nacional, va a aprovechar ese vacío temporal para plantar su ligue electoral y convertir a unos sectores sociales de centro y radicales en una izquierda viable. Esa profundización o recolecta de votos por todo el territorio, es una táctica que tiene mucho sentido, pero esa “operación avispa petrista” tiene un riesgo: convertirse en el “barón electoral izquierdista” con toda la carga que esto significa en un país que quiere desligarse de ese tipo de figuras. Sería la evidencia de su deseo de aprovechamiento de unas elecciones que tienen como razón administrar y legislar los problemas de los municipios y departamentos de Colombia, para mostrar su fuerza exclusivamente electorera.

¡Pero lo peor que va a provocar esta estratagema es devolvernos a pensar que la única salvación para evitar la llegada del “petrismo” a la presidencia, será el “uribismo”!

@pedroviverost

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