Por: Juan Carlos Ortiz

Pido perdón

Mi existencia respira fútbol, tanto que en Rusia 2018 cumpliré 12 mundiales de vida  y hoy ya tengo de haber nacido cuatro estrellas del glorioso Independiente Santa Fe.He vivido mucho fútbol, lo he visto, leído, oído, compartido, soñado, sufrido, llorado y así sucesivamente muchos verbos más. Y aunque creía saber de fútbol , he aprendido a darme cuenta que verdaderamente no sé nada.

Hace unos años apareció en Santa Fe un jóven delantero, tímido, que en cada juego se equivocaba, se tropezaba, fallaba, erraba, generando que el nivel de tolerancia futbolístico entre varios hinchas rojos se agotara y que su aparición en cada juego del Expreso Rojo produjera una especie de alergia entre muchos seguidores cardenales, incluyéndome a mí. Su nombre: Miguel Ángel Borja.

"Borja es un tronco", "No le hagan el pase a Borja por favor". Esas eran las expresiones típicas y recurrentes durante los partidos de  la liga hasta que llegó aquel encuentro decisivo contra el Junior, el cual si ganábamos nos permitiría llegar a la final del campeonato colombiano. El juego se encontraba en efervescencia total y de repente el árbitro cobró un penalti a favor de Santa Fe. Miré hacia el cielo  y le pedí que Borja no lo fuera a cobrar, pero más grande fue mi sorpresa cuando lo vi que se aproximaba al punto de los doce pasos con la bola en sus manos, la ubicaba, tomaba distancia y disparaba.

El balón voló como un torpedo, se estrelló contra el palo y salió desviado. El silencio se apoderó de todos. Perdimos el penalti, el partido y la posibilidad de llegar a la final nuevamente, y para mí todo era culpa suya. Días después de la eliminación recibí con alegría la noticia de que Borja no renovaría su contrato con el cuadro cardenal. Y así comenzaron los siguientes torneos y apareció otro Borja, un Borja goleador, contundente, crack, que jugó con el Cortuluá, deslumbró con el Nacional, donde salió campeón de la Copa Libertadores y que ahora brilla con el Palmeiras en Brasil.

Y mientras Borja sigue pidiendo pista para enfrentarse a retos mayores y obtener más éxitos internacionales, yo simplemente le pido perdón. No tuve ni la capacidad ni la visión para dimensionar su potencial. Pido perdón como hincha porque lo tildé de tronco siendo un crack. Pido perdón porque no le creí y hoy me considero su fan. Me equivoqué y me hace feliz reconocerlo.

Gracias, Borja, por todo el fútbol que le está dando a Colombia y por enseñarme una vez más que sólo sé que nada sé y que sigo aprendiendo en un mundo que cada día necesita más perdón y mucha más tolerancia.

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