Por: Pascual Gaviria

A pie limpio

Cada vez se complican más las cosas en los juegos olímpicos. Hasta hace unos años todo se definía con el ojo de los jueces, el cronómetro o el foto finish en el peor de los casos. Más tarde llegaron los exámenes anti-doping como un certificado definitivo. Ahora surgen nuevas preguntas y nuevas instancias que necesitan exámenes y respuestas más profundas.

Todavía nos preguntamos si la atleta sudafricana Caster Semenya, campeona mundial de los 800 metros, es en realidad un talento con demasiada testosterona. Sin ser muy conocida llegó a los mundiales de Berlín en 2009 y les sacó cinco metros a todas sus rivales. Una sombra encima de su labio superior terminó de alentar la sombra de duda. Se necesitaron ocho médicos para determinar si Semenya merecía la medalla de oro o debía medirse frente al campeón africano de la distancia. Endocrinólogos, ginecólogos y psicólogos sirvieron como jueces y Semenya pudo levantar los brazos.

Ahí no paran los problemas. También se debe comprobar la edad de las gimnastas chinas. Las reglas dicen que deben tener al menos 16 años para competir en los olímpicos. Los registros de nacimientos chinos son tan confiables como los de Tumaco o Turbo. De modo que toca comenzar a medir las muñecas y de nuevo los médicos tienen la última palabra. Dos campeonas olímpicas chinas en 2008 fueron bastante cuestionadas por parte de comentaristas y técnicos rivales. El expreparador de Nadia Comaneci lo dijo con el tono áspero que ameritaba su papel como comentarista de NBC: “Están usando media persona. Esta gente piensa que nosotros somos estúpidos”. Algunos dicen en medio de una sonrisa que las gimnastas chinas cada vez se acercan más al puntaje y la edad perfecta: 10.

En Londres se inaugura un nuevo debate que en poco tiempo nos tendrá hablando de los Cyborg Olympic Games. Oscar Pistorius, corredor sudafricano de los 400 metros, acaba de ser admitido con fórceps en la delegación de su país. El hombre corre bajo el impulso de dos prótesis transtibiales hechas con fibra de carbono. Ni su andar ni sus ampollas se parecen a las de sus rivales. Hasta hace poco la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) lo tenía vetado. Su diseño era para los protolímpicos: “Se prohíbe cualquier dispositivo técnico que incorpore resortes, ruedas o cualquier otro elemento que proporcione a quien lo usa una ventaja sobre otros atletas que no usen tal dispositivo”. Luego el Tribunal de Arbitraje Deportivo, una junta de físicos, expertos en biomecánica, admitió una apelación y dijo que la zancada de Pistorius no era distinta a la de Michael Johnson, por decir algo. Su marca personal, unas centésimas por encima de la mínima, le impidió estar en Pekín. Ahora, de nuevo con tiempo nublado, Pistorius está listo para atender el pistoletazo en Londres. Las razones parecen un juego entre el espectáculo sensiblero y las propagandas multicolores de Benetton. ¿Estamos frente a una especie de doping a flor de piel? Algunos científicos dicen que el hombre parte con 10 segundos de ventaja frente a sus rivales a pie limpio. ¿Qué tal que el espectáculo se salga de madre y los keniatas descalzos terminen vencidos en la maratón por un alemán con una válvula pulmonar bien recetada?

 

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