Por: Felipe Zuleta Lleras

Piedad se consagró

Tengo el privilegio de conocer a la senadora Piedad Córdoba quien, además de ser una inmejorable amiga, es una ciudadana ejemplar, una persona honesta, inteligente y consagrada a su oficio.

No tendría suficientes adjetivos para calificar a La negra, como cariñosamente le decimos sus amigos y despectivamente sus enemigos. Piedad a lo largo de su extensa e importante carrera política ha dado muestras de ser, de lejos, tal vez la mujer más importante de Colombia en lo que va corrido de este siglo.

El desempeño de Piedad como defensora de las minorías no es siquiera comparable con el de otro congresista o político. Y a pesar de que, como por ejemplo pasó en el caso de los derechos de las parejas homosexuales, el parlamento le jugó sucio a la senadora, al Congreso mismo y al país, ahí sigue ella batallando por ese tipo de causas que producen piquiña a la mayoría de los miembros de la mal llamada clase dirigente colombiana.

Su entereza y entrega para intentar la liberación de los secuestrados produjo, en tan sólo tres meses, muchos más resultados que cualquier otra gestión. Fue a Piedad y no a nadie más a quien se le ocurrió el cabezazo de haber metido en el tema al presidente Chávez. Y no lo hizo por loquita o inexperta; lo hizo porque sabe que las Farc le caminan más a Chávez y a su cuestionable política revolucionaria que a Uribe y su repulsivo vínculo con los paramilitares. Desafortunadamente para los secuestrados y el país, ese proceso se acabó por decisión de Uribe y sobre el mismo la historia se encargará de juzgar al presidente de los colombianos.

Sin embargo, la senadora no se va a detener en esa lucha por liberar a los secuestrados, porque Piedad jamás admite un NO por respuesta y nunca se ha dejado amilanar por nada. Ni el secuestro que le hicieron los paramilitares para someterla, ni una tragedia familiar cercana que tuvo este año, por fortuna superada, lograron doblegarla. Piedad seguirá luchando contra los enemigos del proceso de liberación de los secuestrados; ella sabe que son varios los funcionarios del Gobierno que se agazapan detrás de las ventanas polarizadas de los carros blindados oficiales para, con la disculpa de la barbarie de las Farc, dispararle a cualquier gesto humanitario.

Como miles de conciudadanos me resisto a creer que la Honorable Corte Suprema de Justicia pretenda encausar a Piedad por haber dicho en un foro internacional que los países debían romper relaciones con Colombia por estar representada por un gobierno ilegal y narcoparamilitar. En eso Piedad no miente, como no lo ha hecho nunca en ningún tema aun cuando algunos la califiquen de conflictiva, complicada y hasta grosera por decir siempre la verdad.

Por todo lo anterior, Piedad es el personaje del 2007, y si la suerte y la seguridad democrática no le hacen una mala jugada, Piedad será también el personaje que debemos elegir en el año 2010.

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