Por: Daniel Pacheco

Pielrojas, "¡Puto!" y la holandesa

La aplanadora de lo políticamente correcto avanza por todos lados.

En un mundo que le ha dado voz pública a todo aquel con un teléfono, la indignación frente a lo ofensivo se vuelve un ritual preferido de los medios. Va quedando, detrás de titulares y escándalos sobre lo escandaloso, un manto de miedo y prevención a irse de palabras. Un terreno aburrido y homogéneo de adjetivos calculados, verbos sosos y lenguaje correcto que esteriliza el discurso público.

A los colombianos se nos salió el complejo de inferioridad la semana pasada cuando una modelo holandesa desconocida retuiteó un fotomontaje de Falcao y James Rodríguez inhalando la línea blanca que hace el árbitro frente a la barrera. “Muro colombiano”, decía la foto, una alusión injusta al merecido renombre mundial que tiene Colombia como principal exportador de cocaína. Nicolette, en su propia ignorancia, no entendió que en Colombia se hace la cocaína para que en Europa la compren y la inhalen. Y en Colombia, más allá de tener poca idea de qué es la Unicef, nos pareció que era indigno que ella fuera embajadora de cualquier cosa, así se hubiera disculpado después por el tuit.

El Gobierno movió los engranajes en la diplomacia internacional, Nicolette tuvo que renunciar de mala gana a ser embajadora de buena voluntad, y de paso recordamos al mundo que somos los mayores productores de cocaína, pero carecemos del sentido del humor para asumir los malos chistes al respecto como solo eso.

No muy lejos, en la misma escena mundialista, surgieron nuevos intentos de censura contra los hinchas mejicanos. Como es costumbre en la liga mejicana, cuando un arquero rival le pega al balón para hacer un saque de meta, los hinchas gritan “¡Puto!”. Fare, una organización contra la discriminación y el racismo en el fútbol, acusó a la hinchada de México ante la FIFA. Alegaron que una de los significados de “puto” era homosexual, y al ser usado de forma negativa contra los arqueros rivales, constituía un acto de discriminación. A la Fare se unieron voces ilustres de México como la del actor Diego Luna, y a pesar de que la FIFA dijo esta semana que no aceptaba el argumento de los anti-putos, y que los mejicanos podían seguir gritando sin ser sancionados, el canal ESPN confirmó que intentará que el grito no se oiga en sus trasmisiones.

Finalmente, en EE. UU. esta semana la oficina de patentes le dio un el golpe mortal al nombre de los Pielrojas de Washington, el equipo de la capital fundado en 1932. El nombre de los Redskins ha estado envuelto en una larga disputa con tribus indígenas, que lo consideran racista. Sin la protección de marca registrada, que la oficina de patentes retiró al considerar el nombre ofensivo, los Pielrojas pueden seguir usando el nombre, pero tendrán herramientas legales reducidas para protegerlo.

Paradójicamente, a la par con el reconocimiento de los derechos de las minorías, el discurso público se vuelve más estricto. Y aunque es una fortuna que más personas antes no tenidas en cuenta puedan ofenderse y reclamar, deberían poder hacerlo tolerando algunos insultos y estirando hasta el máximo la opción de censurar.

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