Por: Luis Carlos Reyes

Piketty y Petro

Fue sorprendente para muchos que Thomas Piketty, el destacado economista francés autor de El capital en el siglo XXI, saliera al apoyo del candidato Gustavo Petro. Algunos pusieron en duda la profundidad de su conocimiento sobre Colombia, con justa razón: el libro de Piketty se concentra en la desigualdad en economías altamente desarrolladas como Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, y no en las de países en desarrollo.

No obstante, Piketty no está tan alejado del tema como parece a primera vista. Un excelente estudio publicado por colaboradores suyos, que participan en su agenda de investigación sobre la desigualdad a nivel mundial, ha tenido bastante que decir sobre Colombia. Su examen detallado de la tributación en el país pone en duda la idea de que los “creadores de empleo” estén sobrecargados de impuestos. Por el contrario, la tributación colombiana es profundamente desigual y beneficia a los más acaudalados: los 281 colombianos de más altos ingresos pagan en impuestos alrededor del 5,4% de sus ingresos. Si usted es empleado formal, contratista o pequeño empresario, no tengo que convencerlo de que su tasa impositiva es bastante más alta que la de ellos. Y podemos discutir todo lo que queramos si esto es justo o no, pero lo cierto es que es inconstitucional: el artículo 363 de la Constitución establece que el sistema tributario debe ser progresivo, es decir, las tasas pagadas por los ciudadanos de más altos ingresos deben ser mayores (¡no menores!) que las pagadas por los de menores ingresos.

Es verdad que los impuestos son ineficientes en Colombia, en tanto que las empresas pagan tasas altas y las personas naturales tasas bajas, cuando debería ser al revés. Pero eso, al contrario de lo que nos repitieron una y otra vez las campañas presidenciales de derecha, no quiere decir se paguen muchos impuestos: el recaudo tributario de Colombia es del 20% del PIB, mientras que en promedio en los países de la OCDE es del 34%.

Así que no es difícil entender la postura de Piketty frente a los programas de Duque y Petro. Si uno compara las propuestas económicas de los dos candidatos, ambas son sumamente incompletas. Pero la de Duque dice que los impuestos en Colombia son muy altos, especialmente para los más acaudalados, y la de Petro dice que no es así. La primera es una fantasía tributaria conveniente para los grandes grupos empresariales, mientras que la otra refleja la realidad.  Una propuesta dice que el Estado está sobredimensionado y hay que reducir el gasto, mientras que la otra reconoce que no sólo hace falta mejor manejo sino mayor gasto social. Si uno tiene que elegir entre las dos, no es complicado concluir que la segunda tiene más sentido, sobre todo cuando, por lo menos en el papel, uno no encuentra en el programa económico de Petro las políticas que arruinaron a Venezuela, como los omnipresentes controles de precios, la falta de independencia del banco central y la dependencia del petróleo.

Una crítica completamente válida es que el papel lo aguanta todo. Piketty se arriesga a recomendar a un candidato presidencial cuyas propuestas actuales suenan bien, pero que históricamente ha manifestado su admiración por el desastroso liderazgo de Hugo Chávez. Esto es fácil para alguien que, desde Francia, no va a tener que vivir en carne propia las consecuencias si se equivoca.

Pese a todo, no hacen falta análisis del problema que, reconociendo la gravedad de la decisión que hay que tomar en estas elecciones, se inclinen por la candidatura de Petro. Concuerdo con el análisis de Salomón Kalmanovitz, quien —conociendo como pocos la compleja realidad nacional— concluye que es preferible un gobierno de Petro con fuerte oposición desde el Congreso, las cortes y probablemente las Fuerzas Militares, que uno en el que Uribe controle al presidente y al Congreso, y esté en capacidad de modificar la Constitución para doblegar a las cortes. Los pesos y contrapesos establecidos por la Constitución son esenciales para la democracia, y en la segunda vuelta, más que votar por Petro, voto por ellos.

Nota: esta opinión, como todas las expresadas en esta columna, es personal y no representa necesariamente la posición institucional de ninguna de las organizaciones de las que hago parte.

* Ph.D., profesor del Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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