Por: Iván Mejía Álvarez

Pinceladas

Compárelos uno por uno y entenderá por qué los hinchas de Santa Fe no se lo pueden creer.

Mientras la nómina del Real Cartagena está llena de ilusionados y corajudos jugadores nuevos, de veteranos con ganas de quemar bien los últimos cartuchos, en Santa Fe todo parece brillar, pero a la hora de recolectar puntos las cuentas no cuadran. Los cartageneros tienen un banco técnico humilde y laborioso al que se le ve durante los partidos la labor de la semana y la coherencia en los cambios. Los cardenales tienen un técnico amargo y resentido, que se equivoca demasiado en las variantes y que se “casa” con algunos jugadores como Hidalgo y demuestra rencor hacia otros como Seijas. A Santa Fe le hacen goles en cada partido por la vía aérea, producto de un pésimo trabajo entre semana y el técnico se ha empeñado hasta la saciedad en demostrar que es el “mayor descuartizador” del país. Cuando le mete mano al equipo, qué susto, lo acaba.

Por todo lo anterior, mientras el uno tiene 16 puntos con poca inversión, el otro sólo tiene seis con mucha plata de por medio. Esa es la gran diferencia.

Real, como lo hizo el Huila en el semestre anterior, entendió que saliendo en punta y apretando el ritmo desde el principio le permite tener un margen de maniobra importante en la parte final del torneo. También lo sabe el Medellín, que mantiene una producción pareja, un equipo sin el poder goleador del campeón en el semestre anterior, pero con un buen volumen de juego, mucha creación, lo que permite mantener la ilusión intacta.

En Cali y Bogotá se mantiene la constante del torneo pasado. Los cuatro equipos no caminan, no producen dividendos. Explicables en América y Millos, bajitos de nómina, escasa inversión, pocos jugadores para pensar en cosas mayores. Inaceptables en Santa Fe y Cali, con mucha plata de por medio y pocos resultados a la vista. Rojos y azules no miran hacia arriba en la tabla, miran hacia el fondo, hacia la distancia que los separa del descenso con el Cúcuta.

Paso a paso el torneo sigue caminando y ya se recorrió la tercera parte. Algunos se van engranando y tienen pinta de cara al futuro, como Júnior y Tolima, que mantienen su ritmo mientras que otros son “laguneros” y aparecen a cuenta gotas como Nacional y Once Caldas. Los verdes giran alrededor de Moreno, pero están lejos de jugar el fútbol que su tribuna prefiere. Los albos generalmente regalan 45 minutos, pero cuando se “enchufan” matan.

Pinceladas de un fútbol que ofrece muy pocos partidos buenos y demasiadas “latas”, pero eso es lo que la tierra produce.

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