Por: Iván Mejía Álvarez

Pinceladas

Algunas personas no gustan del sistema del torneo colombiano porque consideran que no premia la regularidad y que equipos embalados durante la fase clasificatoria terminan perdiendo frente a equipos que hicieron menor puntaje pero tuvieron aire en la camiseta durante las finales.

Santa Fe todavía no esta adentro, depende de sí mismo, de ganarle a Alianza, pero su historia recuerda lo que pasó en el torneo de diciembre, cuando viniendo de atrás encontró el funcionamiento y la eficacia y terminó siendo campeón. Este semestre podría darse lo mismo, siempre y cuando consiga el objetivo primario.

Nacional ha cabalgado el torneo y con récord de puntos espera como sembrado número uno las finales. Según los puristas, es poca la gabela que recibe un equipo como el de Reynaldo Rueda, de impecable labor en los cuatro primeros meses del año, tanto titulares como suplentes cumplieron su tarea durante la primera fase de la Liga.

Más allá de lo reglamentario, en lo que atañe al aspecto futbolístico el cuadro verde no parece pasar por el mejor momento. Goleó a Estudiantes y Chapecoense con dos muy buenas exhibiciones de juego y contundencia. Se le vio frenado y sin fútbol, sin ligar las acciones, con poca efectividad producto de la falta de creación, contra Botafogo y Cali. Claro que en el último partido faltaron algunos jugadores que son fundamentales en la creación.

Sin embargo, resulta tan desproporcionado hablar de “crisis” y retroceso en el juego como lo que algunos montaron tras la salida de Copa Libertadores: aguanten, que ahora con la titular Nacional es invencible. Ni lo uno ni lo otro.

Que Medellín sea una alternativa válida para el título, es apenas normal. Tiene nómina y puede ganarle a cualquiera si encuentra a Quintero y Marrugo en su mejor momento y siempre y cuando a su técnico no le dé por hacer mucho invento raro, no le salten brotes de técnico. Medellín tiene un problema grande y es el equilibrio, pues la idea de Didier y Marrugo en primera línea de volantes resulta teóricamente interesante, pero en la práctica solo ha dado como resultado un equipo que ataca mucho y se defiende muy mal.

Aparte de Nacional y su magnífico registro de puntos, lo que ha hecho Flabio Torres con los legionarios del Pasto merece reconocimiento. Rival durísimo adentro y afuera, con estilo, con la amistad permanente con la pelota, el elenco nariñense quiere el balón y juega alrededor de esa idea de posesión, triangulaciones, paredes, la misma que siempre ha tenido su técnico por donde ha transitado.

Bienvenidos, ya estamos en finales…

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