Por: Saúl Pineda Hoyos

Pinchazo diplomático

La posición de abstención en torno a la causa palestina, que Colombia anuncia para el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y en el cual seguramente reafirmará su alineamiento con los Estados Unidos, constituye el retorno a una diplomacia que estaría atendiendo exclusivamente a los intereses comerciales de corto plazo del país y que, en todo caso, se aleja de la posición mayoritaria en América Latina de apoyo a la creación de un Estado palestino.

Debe recordarse que desde el gobierno anterior el país ha logrado que se profundicen o entren en vigencia acuerdos con Mercosur, Chile, México, El Salvador, Honduras y Guatemala. Por su parte, en los últimos meses han entrado en vigor los TLC con Canadá y Suiza, al tiempo que se avanza en la ratificación del TLC con Europa, los demás países del EFTA, y en negociaciones con Panamá, Corea del Sur y Turquía. En estas condiciones, por cuenta de una pragmática diversificación del destino de sus exportaciones, Colombia tendría en los próximos meses acceso a un grupo de mercados que, en conjunto, superarían los mil millones de habitantes. Este número se adicionaría en 300 millones si se concreta la ratificación del TLC con los Estados Unidos al culminar el presente año.

No obstante, este activismo comercial ocurrió en años recientes en medio de un fuerte aislamiento de América Latina. Primó la diplomacia comercial bilateral sobre principios tutelares de las relaciones internacionales del país, entre ellos la vocación multilateral y la apuesta por la integración regional.

Por eso celebramos, en su momento, el tono de la administración Santos hacia una diplomacia política ampliada que no se agotaría en la estrategia comercial, sino que le daría contexto y la orientaría. Se trata, en los hechos, de recuperar una agenda de proyección global del país, que fue muy activa en algunos períodos anteriores y que apuntaría hacia un mayor liderazgo regional y a una franca diversificación de las relaciones con actores políticos y socios comerciales.

El visible alineamiento de la semana pasada con los Estados Unidos, alrededor de una salida para la causa palestina, abre interrogantes en torno a la continuidad del camino reiniciado. Me pregunto si el Gobierno ha hecho el balance adecuado de una decisión, en gran medida orientada a blindar la ratificación del TLC con su primer socio comercial, pero que introduce ruidos, probablemente innecesarios, a nuestra inserción regional y global.

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