Pintadas de negro

Noticias destacadas de Opinión

Mi nieto Joaquín, de 11 años, me mandó los materiales sobre las leyes de Jim Crow. Había escogido el tema para su exposición de sociales en su colegio de Brooklyn y quería saber si en Colombia había ocurrido algo similar a lo sucedido en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX: redactar y aplicar leyes para segregar a la gente negra de escuelas, restaurantes, buses, baños e iglesias. Se llamaron así, porque tuvieron un soporte relevante en los espectáculos satíricos conocidos como Jump Jim Crow, los cuales a partir de 1835 se habían hecho populares. Los protagonizaba un actor blanco que se pintaba la cara de negro, los labios de rojo y los ojos de blanco. Exagerando el habla sureña y los movimientos de boca, lengua y párpados, personificaba a la gente negra como estúpida, perezosa, libidinosa, servil y pasiva. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, a esas dramatizaciones las amplificaron caricaturas que afianzaban estereotipos como el de la mujer bonachona, negra y rolliza que aparece en la envoltura de los panqueques Aunt Jemima, así como la de esclavas sumisas en películas como Lo que el viento se llevó. La meta, justificar la segregación por tratarse de seres inferiores. Desde 1964, el movimiento de derechos civiles comenzó a erosionar las leyes de Jim Crow. Sin embargo, persiste el troquel deshumanizante, sustrato de violencias como la ejercida contra George Floyd. En nuestras conversaciones, le expliqué al niño que aquí la segregación no había sido instituida mediante la ley, pero que sí se ejercía a partir de la manera como influyentes pensadores del siglo XX habían dogmatizado que la gente negra era incapaz del raciocinio abstracto y que por eso tenía que vivir en los climas tórridos de dos litorales, el norte de Cauca y los valles interandinos. De ahí la geografía racializada acerca de la cual habla el historiador Alfonso Múnera. A los pocos días, mi hija Tatiana me preguntaba por los bailarines negros pintados de negro a la Jim Crow que yo había filmado en 1982 en el Carnaval de Mompox. A ver si yo salía de mi mudez, me puso a ver el video Colombia: where performances of blackface continue, con entrevistas de Symeon Brown a una comparsa de caras pintadas de negro del Carnaval de Barranquilla. A él no lo convenció que le dijeran que era burlarse de los amos, y más bien conectó esa vileza con el asesinato de líderes sociales negros y negras. Entre tanto, yo he seguido avergonzado por no haberme percatado de que los bailarines que había retratado hacían parte del humor humillante de la cara pintada de negro del soldado Micolta en Sábados Felices o del habla negra de la cual se vale La Luciérnaga para idiotizar la imagen de la “etnia negra”. ¿El remedio? Antirracismo hecho de introspecciones críticas, dolorosas y cotidianas.

* Programa de Antropología, Universidad Externado de Colombia.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.