Por: Pedro Viveros

“Pipe”, ¿súpercontralor o político?

Una de las primeras señales de no intervención en asuntos de la “cosa política” del gobierno del presidente Iván Duque fue no meterse en la elección del contralor General de la República. Los gobiernos anteriores tenían esta votación como el primer termómetro del mandatario de turno para determinar su poderío y gobernabilidad al interior del Congreso. Al fin y al cabo, este cargo lo eligen el Senado y la Cámara de Representantes y lo hacen 15 días después de posesionado el presidente de la República. Aunque siempre es el primer róund del nuevo inquilino de la Casa de Nariño, Duque cumplió, no se metió y su bancada perdió.

El ganador fue un joven pereirano de 39 años, pero con sobrada experiencia en la política real. Ya había ganado su primera elección indirecta al ser nominado por la Corte Suprema y elegido por el Consejo de Estado como auditor General de la Nación, lugar desde donde se vigila a la Contraloría. Además, fue vicecontralor de la República, oficina donde pasan la sal pública y política del país. Carlos Felipe  “Pipe” Córdoba tiene a estas alturas más recorrido que su suegro, el actual presidente del Partido Conservador: Omar Yepes. Dirán que exagero, pero el exsenador Yepes, aparte de ser congresista de profesión desde 1973, solo ocupó cargos en su departamento. Un yerno con iniciativa nacional que superó al maestro.

Córdoba ganó el cargo de contralor ante José Félix “Pepe” Lafaurie, insigne hijo del proyecto político del expresidente Álvaro Uribe. “Pepe” perdió contra “Pipe” y quedó de tercero con poquísimos votos, debajo del santandereano Julio César Cárdenas. Ni el Centro Democrático votó por el “eterno” director de Fedegán. La victoria de Córdoba fue contundente y aleccionadora. Desde ese día, aquel que aspire a este tipo de nominación va a desconfiar hasta de su propio mentor. Antes de “Pipe” todos tenían en la cabeza no solo el poder que otorga ser el vigilante de la contratación pública en el país, con un aparato gigantesco en su poder y burocracia a dos manos, sino que desde el mismo día cuando ganaron Aníbal Martínez (1970), Rodolfo González García (1982), Manuel Francisco Becerra (1990) o David Turbay Turbay (1994), se convirtieron en alternativas políticas evidentes dentro de su partido.

Debido a la sorpresiva derrota del partido de gobierno, a Córdoba le correspondió hilvanar su poderío y ganarse el favor de la clase política poco a poco, lo que antes era de facto. Su tejido de poder lo labró de manera meticulosa. Su visión del control público lo llevó a demostrar el tipo de trabajo actual de ese despacho. Tuvo que explicar la vigencia de esa oficina.  Para esto se metió de lleno y de forma minuciosa a analizar millones de datos y hacer “minería de data”.  Elaboró la Central de Información Contractual del país, llamada OCÉANO, por medio de la cual pudo establecer, en tiempo real, cuántos oferentes monopolizaban más de 60 billones de pesos de los contratos estatales en el país. Con el antecedente de OCÉANO, enfiló baterías para presentarle al Congreso un proyecto de ley para fortalecer la entidad en materia de control preventivo y mayor vigilancia con más funcionarios. Este debate también lo ganó “Pipe”.

El contralor, peluqueado a lo Boris Johnson, está dejando huellas de querer potenciar su carrera pública. No es poca cosa tener como “padre político” al actual regente de los “goditos”, quien con sus avales puede consolidar este sector en las próximas elecciones regionales. ¿Un paso para el neoconservatismo colombiano? Con una súpercontraloría y un súperpartido, solo resta ver qué camino va a tomar “Pipe”. Al fin de cuentas el único excontralor que fuera presidente de Colombia fue el liberal Carlos Lleras Restrepo, quien no solo ganó batallas políticas, sino que demostró capacidad y eficiencia en toda su vida pública. Hasta ahora Córdoba solo gana votaciones.   

@pedroviverost

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