Por: Andrés Hoyos

Piraquivismo

El piraquivismo es una enfermedad infectocontagiosa, causada por un virus. Fue bautizada con ese nombre por cuenta de su principal agente transmisor, la predicadora boyacense María Luisa Piraquive, viuda de Moreno.

La enfermedad tiene dos etapas claramente definidas. En la primera, la embrionaria, se manifiesta en inseguridad, estrés, sensación de soledad, baja autoestima e incluso depresión del paciente, y es bastante común. El mal en esta etapa a veces responde a tratamientos tradicionales con ansiolíticos y antidepresivos, apoyados con psicoterapia y mejoras en el entorno familiar. Muchas veces la enfermedad no se cura, pero sus efectos se mitigan, permitiendo al paciente llevar una vida casi normal.

La segunda etapa del piraquivismo, mucho más grave, es menos común, aunque de todos modos afecta a miles de personas. Se desata por lo general cuando la condición embrionaria empeora de repente, ya sea por la muerte de la madre, del padre, de un hijo o de un hermano, o por algún aparatoso desencanto amoroso, tipo divorcio contencioso o abandono súbito. Las drogas y el alcohol también son agentes coadyuvantes. En la etapa de pleno desarrollo de la enfermedad, el paciente ve debilitada su personalidad hasta casi desaparecer, y la farmacopea tradicional pierde su eficacia. En simultánea, es ahí cuando el piraquivismo adquiere su gran potencial de contagio, en particular sobre la familia, los allegados y amigos del paciente.

Parecerá curioso, pero el mal no suele pasar de la etapa embrionaria entre los más pobres, dígase el llamado estrato 1 colombiano. La razón, en opinión de algunos tratadistas, es que al no encontrar el tejido del diezmo, el virus se inhibe. En cambio es muy común en las clases medias, donde el tejido del diezmo es abundante y se halla relativamente desprotegido. El único efecto positivo que se le conoce al piraquivismo en su etapa avanzada es el comunicativo, porque tiene efectos expansivos sobre las habilidades lingüísticas de los pacientes, que de ser monóglotas pasan a “hablar lenguas”. No se trata, lamentablemente, de un efecto sostenido, como sí lo es el daño causado en la cuenta bancaria y en la billetera del enfermo.

El tratamiento del piraquivismo en su etapa avanzada es muy difícil. Por ello se ha pensado en desarrollar vacunas. Una candidata obvia es la educación, pero en Estados Unidos, país muy educado, cepas televisivas de varios virus semejantes al piraquivismo afectan a millones de personas, incluidas miles con diploma universitario. Viajar tampoco es de gran ayuda, pues se han detectado casos de piraquivismo en 45 países diferentes. Además, la enfermedad valida el refrán popular que dice: Dios los cría y ellos se juntan.

Por lo pronto, hay apenas una esperanza de vacuna efectiva contra el piraquivismo, la cual resultará extraña para algunos. Se suele decir que la cultura, y en particular las artes, no sirven para nada, tema polémico que habrá que dejar para otro día. Sin embargo, las artes, en especial las vinculadas con la lectura, han resultado una vacuna bastante eficaz contra el piraquivismo. Si una persona lee poemas, novelas o cuentos, va a conciertos de jazz o música clásica, es aficionada al teatro o a la pintura, es muy raro que el piraquivismo se desarrolle en ella, así tenga los síntomas embrionarios. He aquí una idea que las autoridades sanitarias deberían considerar con mucho cuidado.

 

 

 

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