Por: Mauricio Botero Caicedo

Pitos, flautas, bombos y platillos

Hace unas semanas —con pitos, flautas, bombos y platillos— se inauguró (con dos años de retraso) el Nuevo Aeropuerto El Dorado, dejando la sensación de que el Estado y el concesionario estaban colocando a Bogotá en la vanguardia del transporte aéreo mundial. La realidad, lamentablemente, no es así.

Por sexta vez consecutiva, en viajes nacionales e internacionales, a este columnista lo han obligado a abordar un bus (bastante deteriorado por cierto), demorando por lo menos en 20 minutos el abordaje o desembarque de los pasajeros. Haciendo óbice de las obvias incomodidades de subir y bajar escaleras, la pregunta obligada es ¿cómo puede ocurrir que no haya ‘puertas’ disponibles en lo que se supone es uno de los aeropuertos más modernos del mundo? La respuesta a esta anomalía la encontré en una entrevista a Manuel Leal Angarita (La República, Nov. 1/13), que deja, después de 26 años, la presidencia de la Asociación de Transporte Aéreo de Colombia (ATAC). Sobre el Nuevo El Dorado, Leal afirma: “Sin embargo, tenemos muchas carencias como que no hay los puentes de abordaje suficientes para la industria creciente. Ni siquiera los 66 que van a quedar, porque se necesitan más. Los 66 de alguna manera son los mismos que teníamos en el viejo aeropuerto de Bogotá, contando todas las posiciones con el Puente Aéreo”. O sea, amigo lector, después de gastar decenas de millones de dólares en estudios, centenares de miles de millones de pesos en edificaciones y equipos, de haberle permitido a la concesionaria sacar utilidades multimillonarias y de un lustro de incomodidades para los usuarios que con nuestros impuestos terminamos pagando por todo, estamos en la misma situación que en 2005, sin ‘puertas’ e inundados de ‘posiciones remotas’.

¿Pero cómo se explica este descalabro? El ‘Plan Maestro’ de Airport de París, al no tener en cuenta el potencial de crecimiento tanto de carga como de pasajeros, nació moribundo. Dentro de las deficiencias de dicho estudio estaba la recomendación de mantener la carga en el costado oriental del aeropuerto cuando cualquier parroquiano les hubiera podido explicar que la abrumadora mayoría de la carga se genera es en el occidente. Obligar a los camiones a entrar a la ciudad para descargar la mercancía es un despropósito de marca mayor.

El ‘Plan Maestro’ de los franceses contemplaba seis alternativas, y de manera inexplicable el Estado le permitió al estructurador, KPGM, escoger la alternativa más sencilla, lo cual terminó de agravar una situación ya de por sí delicada. Finalmente, la concesión no se le entregó a la mejor oferta, sino a una empresa nacional sin ninguna experiencia en el sector. El resultado final de todos estos desaciertos es un aeropuerto en que los pasajeros estamos por un lado condenados a ser transportados en buses deficientes, para en seguida soportar interminables demoras adicionales a causa del deficiente manejo del tráfico aéreo.

El Dorado, bajo el nuevo ‘Plan Maestro’ de LYin debe trasladar cuanto antes a la aviación civil y militar al nuevo aeropuerto de Madrid, en Cundinamarca. Debe darse prioridad a las inversiones al manejo del tráfico aéreo: las demoras en obtener permiso de aterrizar y decolar, causantes de desagrados y sobrecostos, son inexplicables. La carga se debe trasladar de inmediato al ‘occidente’, liberando este espacio para terminales de pasajeros. Finalmente, si la concesionaria pretende seguir manejando los tres aeropuertos, el Estado le debe comprar la concesión. ¡Lo que no se puede ni debe permitir es que el Nuevo El Dorado quede es en pitos, flautas, bombos y platillos!

 

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