Por: Michelle Arévalo Zuleta
La michelada

Pizza con extraños

Me cuesta confiar en la gente a la que no le gusta la pizza. Es muy fácil amarla, pues es la tierra de la comida rápida, toda la naturaleza cabe en su cuerpo, somos muchas las mujeres que no esperamos a un hombre más de 20 minutos, pero sin duda a una pizza si. La pizza es la mejor amiga del hambre, todo su cuerpo es una curva infinita que va a parar a mis labios, es el único triángulo amoroso que me gusta, que además salva de las ruinas a cualquiera en un fin de semana, me ciega una carbonara y me pierdo por la del huerto, la pizza, es la prueba de amor más pura, pues aquel que te deje el ultimo pedazo merece todo.

Juntar 16 paladares alrededor de una pizza no es difícil, crear una experiencia inolvidable que complazca a 16 extraños, es el ingrediente secreto del éxito de Pizza School, un modelo de negocio que le da una mirada diferente a un negocio tradicional.

Una casa en la calle 111 # 14-58 en Bogotá,  esa es toda la información que tienen, sin duda por el nombre sabes que vas a comer pizza, pero todo es tan misterioso que no sabes con qué o quién te encontrarás.

Las 7:30 pm del jueves, marcaban la hora en la que los extraños debíamos llegar a la casa, poco a poco como si se fuera armando una gran pizza, fueron llegando los ingredientes más importantes de la noche, las personas. Había tanta variedad de asistentes, como pizzas en el mundo, parejas de todas las edades y gustos van ubicándose en las sillas que rodean una gran mesa cuadrada, que dejaba ver otra variedad de ingredientes y herramientas que sospechamos, eran con los que haríamos nuestra pizza.

Alejandro Vergel, empresario, chef y creador de esta experiencia, nos dio la bienvenida, él es la muestra perfecta que la persistencia y las ganas, pueden hacer de un fracaso, una oportunidad de éxito, pues después de dos años de modelos de negocio, ver el horno, tener la receta perfecta y la marca y no vender ni una pizza, decidió insistir y crear un negocio único y esta propuesta innovadora que crece cada vez más.  Detrás de él está Jhoana, su ayudante, que se encargó de atendernos durante la noche. La entrada a esta experiencia incluye una botella de vino por pareja, la cual será el ingrediente para hacer que los extraños, terminen siendo amigos.

Con delantales puestos, nuestros nombres visibles, las ganas y buen apetito, estábamos listos para empezar.

Dos personas por un bowl de harina, seguimos instrucciones y empezamos a agregar, agua, sal, y aceite en exactas cantidades, Ahora empezamos a revolverlo para que vaya mezclándose bien. La levadura hizo su efecto y se empezó a poner cada vez más dura, cuando estuvo lo suficientemente dura y consistente amasamos con nuestras propias manos, como si fuésemos unos maestros pizzeros y lo pasamos a una forma esférica.

Después de dejar reposar durante unos diez minutos, cogimos  más harina y la echamos sobre nuestra bola, empezamos a aplastarla hasta que quedó más o menos fina (dependiendo de cómo nos guste el grosor de la masa), en este caso fina, después aplicamos nuestra pasta de tomate, luego el queso, porque pizza sin queso es como amor sin beso, luego Alejandro recogió cada una de las pizzas, las llevó al horno y después de un rato volvió para ponerle los ingredientes.

Por pareja hicimos tres pizzas, empezamos con pizza napolitana, seguimos con pizza de jamón serrano, rúgula y reducción de vinagre balsámico. La magia estuvo en poner cuidado al chef, seguir las instrucciones paso a paso y sobre todo divertirse en el proceso como lo hicimos nosotros. Para terminar, lo hicimos con una deliciosa pizza de Nutella con fresas, de masa crocante e ingredientes frescos, si su pizza no queda perfecta como la mía, tranquilo pues lo mejor es poder probar las preparaciones de los demás. 

Entre una y otra  preparación jugamos charada y pudimos adivinar gustos, personalidades y descubrimos un futbolistas profesional, un amante del golf, una presentadora, aspirante a escritor, chef profesional, deportistas consagradas, comediantes y amantes de la pizza con piña, que  abrieron el debate que siempre tiene masa para cortar, pues todos sabemos que la población mundial se podría dividir entre los que prefieren pizza sin piña y los que  podríamos meter presos a los que si la prefieren, por semejante aberración.

Al terminar casi más de cuatro horas de taller, los 16 extraños que llegamos, terminamos siendo una especie de pizza familiar, pues con fotos y videos sellamos una velada inolvidable con la excusa de preparar una buena pizza.

El secreto de una experiencia fantástica es mucho más que una comida excelente, aunque la comida estupenda es sin duda un requisito a la hora de escoger donde comer, pasar un rato diferente e irte con más que el estómago lleno, vale más. Sin duda un plan de jueves por la noche para mí se resume en una frase, “no me lleves a bailar, mejor llévame a pizza preparar”.

Para reservar se puede hacer a través de www.houspoon.com, o por la cuenta de Instagram @pizzaschoolbogota, por $200.000, usted podrá vivir una  experiencia  única de Bogotá que le cambiará la forma de comer pizza y sobre todo estará apoyando el crecimiento de pequeños emprendimientos, que se preocupan por promover el consumo local, basándose en lo tradicional para promover la modernidad.

862059

2019-05-23T00:00:12-05:00

column

2019-05-23T00:15:02-05:00

jrincon_1275

none

Pizza con extraños

19

5619

5638

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Michelle Arévalo Zuleta

Un restaurante para amar la vida

El nuevo restaurante Nikkei que llegó Bogotá

La moda arcoíris que trasciende

Viajar en la nave de los locos

Moda inteligente