Por: Antonio Casale

Plan B

Ayer me levanté temprano, motivado, o ¿desmotivado? Por la realidad de Millonarios. Me puse a buscar noticias de la B. Debo decir que abundan por su ausencia.

En los noticieros nadie habla de esa categoría, los canales regionales transmiten uno o dos partidos; en internet, a duras penas se encuentran los resultados y la tabla, y lo que es peor, las planillas de los equipos están desactualizadas.

Después supe que la mayoría de los equipos no tienen su situación contractual con los jugadores. Que viajan por espacio de 15 o 20 horas en bus para jugar y después se devuelven en el mismo sin dormir. También averigué por el estado de las canchas y me enteré de que son campos de rally. Pregunté por las figuras de la B esperanzado en que allí estuvieran las nuevas promesas pero no, las nóminas están repletas de veteranos.

En ese mismo instante pensé que siendo así, lo peor que le podría pasar a Millos sería estar en la B pues barrería con sus rivales. Error, el Itagüí goleó a Nacional la semana pasada en Copa Postobón; el propio Millos perdió con Bucaramanga, octavo en la tabla, en Bogotá, y se ha complicado varias veces con Bogotá FC y Academia. Equipos históricos de la A como Unión Magdalena llevan varios años en ese purgatorio; el Leopardo de Bucaramanga navega en la mitad de la tabla, y el Pasto, campeón en la A, tiene graves problemas para mantenerse en la parte alta.

Entonces me volví a dormir un rato, deprimido por supuesto, culpando a quienes tuvieron en sus manos al equipo durante 22 años, pasándoselo como papa caliente sin poder lograr hacer eco de la historia gloriosa que otros construyeron. Pero recordar eso ya no tiene sentido, la realidad es que hay que diseñar un plan B para salvar al equipo de la B. Un plan que en dos meses evite la caída al infierno porque sí, peor que ser colero de la A, es estar en la B.

Los nuevos dirigentes han traído dinero pero parecen cometer los mismos errores. Entrenadores costosos y sin éxitos, jugadores veteranos desechados de otros equipos llegan como figuras de cartel; ‘refuerzos’ provenientes de equipos coleros; presencia titular de los jugadores de la casa y demora en la toma de decisiones en momentos de crisis.

No soy amigo del cambio de entrenador en la mitad de un campeonato, pero el único plan B posible en este momento, es relevar al DT. Se necesita un líder para ese grupo inseguro y dividido en lo mental y deportivo. Alguien que los una, que les dé seguridad, que conozca bien a los rivales que quedan por delante y por supuesto, que los dirija bien desde el banco. Ese, claramente no es Richard Páez.

Me volví a levantar y me dí cuenta de que no es una pesadilla, es real, hay que ejecutar el plan B, pero con la precisión quirúrgica que requiere un enfermo terminal en la cirugía crucial para salvarse.

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