Por: Lorenzo Madrigal

Plan demolición de vivienda

SE ENTIENDE QUE NO PODRÁ EL GObierno, así porque sí, ordenar la demolición de una casa desde la cual se han disparado o lanzado proyectiles contra la población o contra la fuerza pública.

Si el caso fue el de un bombardeo de allá para acá y viceversa, como dice la reina y la conclusión es que la tal casa, en el acto de guerra, quedó destruida, lamentable. Se verá si hay lugar a indemnizar a sus dueños no involucrados, que entrarían a jugar en el papel de víctimas.

Pero lo que se le entendió inicialmente al presidente, con su dificultad verbal para ser más explícito, fue que se las demolería, a modo de prevención, de disuasión y, sobre todo, de escarmiento. Hombre, no, con todo respeto, como es el estribillo de toda discusión. No hay pena de confiscación en nuestra literatura legal, que de todos modos sería previa a la piqueta demoledora y la expropiación por fines públicos es otra cosa y está sujeta a engorrosos trámites.

El Gobierno está considerando los ataques que se hacen desde la población civil, comprometida con el terrorismo. Que han sido civiles quienes han prestado sus casas como apoyo al bombardeo. Gravísimo. Pero la destrucción de la casa, medida ingenua (la casa no tiene la culpa ), vendría a ser una especie de venganza en frío en contra de un bien inanimado, que acabaría destruyendo aún más el poblado, una vez pasado el ataque de los verdaderos enemigos del Estado (y aclaro, el Gobierno no lo es).

La administración Santos ha mostrado un estilo más civilista que al anterior y por lo tanto no debiera caer en desafueros ni excesos deslegitimantes de su acción de defensa. Hay que purificar toda actividad de carácter represivo, en un país en que grandes crímenes se están cometiendo, con cargo a las propias autoridades.

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Me pica la lengua. Ya advertí que al obispo de Montería, Córdoba, lo confundió un columnista con monseñor Juan Vicente Córdoba, en este mismo diario. A propósito, a monseñor Vidal lo ascendieron para removerlo de su sede (el clásico “promoveatur ut removeatur”, viejo adagio eclesiástico).

Ahora me sorprende El Tiempo, pues primero informa de la visita del mininterior y el de Agricultura a Puerto López, Meta, para repartir tierras de Puerto Gaitán, a donde no es posible acercarse por ahora. Pero el reparto no fue del Estado a un particular, sino de un ministerio a otro y de éste a Incoder, en trámite sin fin.

Pues bien, María Isabel Rueda, querida y admirada amiga, dice haber estado a 30 grados a la sombra, acompañando a los ministros en este mismo acto, en Puerto Boyacá. María Isabel, ¿a dónde fuiste a parar?, ¿confundes, acaso, Puerto López, Meta, que suena a fincas de los López, con Puerto Boyacá, Boyacá?

 

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