Por: Juan Pablo Ruiz Soto

¿Plata por plástico? ¿Premio al reciclador?

Está circulando por las redes sociales un video que muestra una máquina instalada en Noruega donde un ciudadano, que ha consumido productos envasados en botellas plásticas, introduce los envases plásticos en una máquina que los recibe y le devuelve dinero en efectivo. Pareciera que pagara por el plástico y premiara al reciclador. ¡No hay tal!

Los consumidores de refrescos que exigen los productos en envases desechables se pusieron contentos pues creyeron que la máquina tragadora de envases premiaba con dinero al consumidor de desechables, cuando llevaba los envases para ser reciclados. ¡Imaginaron que les pagaban por reciclar! En realidad no es un pago al reciclador. Es la devolución parcial del impuesto al usuario de envases desechables contaminantes (plástico o vidrio no retornable).

En Noruega, hay un alto impuesto al envase desechable para exigir que quien contamina cubra los costos que le genera a la sociedad por la basura que está produciendo. Costo que parcialmente se reembolsa, si se recicla. En Noruega y Alemania han logrado que se reduzca el uso de estos envases y se recicle el 99 % de los desechables.

¿Cómo es posible tanta belleza? Veamos un ejemplo. Digamos que una gaseosa en envase de vidrio retornable —el que usted retorna a la tienda para que se vuelva a usar— vale $1.500 y que si usted la prefiere en envase no retornable —plástico o vidrio desechables— le cobran $3.500 (En Alemania, en muchos casos se paga por el envase más que por el líquido). Luego, una vez usted ha consumido el refresco, va a la maquinita que le recibe el envase y ésta le devuelve $1.700. Los otros $300 pesos se destinan para cubrir costos del reciclaje y otros costos ambientales asociados.

Cuando el líquido vale $1.500 y el envase no retornable vale $2.000, el consumidor de desechables tiene un incentivo para reciclar. El cobro a quien no recicla debe ser alto para motivarlo a reciclar. Si decide desechar y que otro asuma su tarea, éste lo recogerá y lo llevará a la maquinita. A medida que nos eduquemos, preferiremos consumir refrescos en envase retornable. El envase de vidrio no retornado y el de vidrio desechable deben tener un tratamiento similar al envase plástico. Así, se induce a reusar y, si no, a reciclar.

El bolsillo nos educa. Internalizar el costo de usar desechables —es decir, que el consumidor asuma el costo, en lugar de transferirlo a la sociedad— nos incentiva a dejar de usar desechables y, si los usamos, a reciclarlos. El impuesto se cobra en fábrica al productor de desechables y este lo transfiere al consumidor.

Sigamos a los noruegos. No es pagar por reciclar; es pagar si no se recicla.

Hoy nosotros estamos haciendo basura gratis. Esto explica por qué los rellenos sanitarios se saturan y son insuficientes. O, como en la Guajira, se degrada la dignidad humana y el paisaje en medio de la basura.

P.D. En California han prohibido el consumo de agua en envase plástico. Usted debe llevar su cantimplora y recargarla con agua limpia que le ofrece el municipio en ciertos lugares de la ciudad. ¡Esto es señal de desarrollo y sustentabilidad!

 

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