Por: Santiago Villa

Platino para el mundo II

La situación laboral en el primer productor de platino en el mundo.

El 16 de agosto del 2012 la policía de Sudáfrica asesinó a 34 mineros de la empresa Lonmin, que realizaron una huelga en una de sus minas más grandes de platino. La masacre de Marikana se convirtió en un símbolo de los excesos policiales ante la protesta social, y aconteció en el contexto de meses de turbulencia laboral en las minas sudafricanas. La ola de protestas tenía los mismos reclamos: mejoras en los salarios y en la seguridad de las minas.

Sudáfrica produce el 67% del platino del mundo, y mientras la protesta laboral ardía el precio del platino aumentó, entre el 14 de agosto y el 14 de septiembre, de US$1.400 a US$1.700 la onza. Entretanto, la producción de platino en el país cayó 13%. El gobierno afirmó en marzo del 2013 que las protestas del año anterior le habían costado US$1.100 millones al país en el año 2012.

Es muy común la opinión de que las consecuencias de la protesta laboral son responsabilidad de los trabajadores, y no de los empleadores que motivaron el descontento. A menudo se alaba a un alto funcionario público porque acabó con el poder de un sindicato “que tenía arrodillada” a alguna empresa privada o institución pública. Margaret Thatcher es un ejemplo de ello. Todo uso de violencia para acallar la protesta laboral parte de aquel supuesto.

En Sudáfrica la situación de los mineros masacrados en Marikana fue particularmente solitaria porque, en este país, los sindicatos mineros están cooptados por el establecimiento. Los trabajadores afirman haber acudido al sindicato para presentar sus reclamos, pero su petición cayó en oídos sordos. Fue por esto que el gobierno afirmó que la huelga era ilegal y que desplegó a la policía para reprimirla.

A pesar de la masacre las protestas no se detuvieron. En cambio, generaron en otras minas movimientos de solidaridad. Finalmente, la empresa Lonmin acordó un aumento salarial para los trabajadores. Cuando visité la mina con periodistas de la emisora local de radio, Mafisa, que han cubierto durante todo el año la difícil situación de los mineros de Marikana, y hablé con los trabajadores, afirmaron que no habían recibido ningún aumento salarial.

Compartí esta información con personas cercanas a las compañías mineras y a las negociaciones laborales, y algunas afirmaron que los mineros quizás no comprendían cómo había funcionado el aumento, pues hay muchos rubros que la empresa descuenta de su salario neto, antes de entregar el efectivo al trabajador. Sin embargo, el sentido común sugiere que si un trabajador no nota un aumento salarial es porque dicho aumento es insuficiente.

Los trabajadores han quedado, entonces, en la misma situación que antes. “Un mar de lágrimas no es suficiente para dar cuenta de la profundidad de nuestra desdicha”, expresó en lengua xhosa uno de los mineros que hizo parte de la huelga y estuvo presente el día de la masacre. “Los sindicatos están con la compañía. Son todos el mismo grupo”.

Si la economía de Sudáfrica está perdiendo más de mil millones de dólares de producción a causa de protestas laborales, se debe a que su sistema de reclamo laboral es disfuncional, por no decir inmoral. La independencia de los sindicatos obreros es una de las condiciones para que los reclamos laborales no generen desestabilidad social. Esta es una lección importante para Colombia, cuya economía está desembocando en una actividad minera sin precedentes históricos.

Twitter: @santiagovillach

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