Por: Nicolás Uribe Rueda

¡Plop!

LAS PARADOJAS EN EL MUNDO DE la política son pan de cada día. Los amigos de hoy suelen convertirse en enemigos del futuro y quienes fueron contradictores terminan aliándose en las más impredecibles circunstancias.

Sin embargo hay situaciones que sorprenden porque no eran siquiera imaginables. Este es el caso de lo que acaba de suceder con la fórmula que ha permitido destrabar el TLC con Estados Unidos y el famoso plan de acción que ha sido construido para garantizar ese propósito. Y como estoy seguro de que muchos no lo han leído, se los resumo mencionando los más importantes compromisos del Gobierno colombiano: a) Fortalecimiento de la capacidad del Estado para combatir las cooperativas de trabajo asociado y las empresas de servicios temporales que sirvan como intermediarios laborales; b) cárcel hasta de cinco años para quienes desestimulen la organización sindical en sus empresas; c) creación de mecanismos de información, difusión de garantías y derechos sindicales y, d) importantes medidas de protección y seguridad a los sindicalistas. Todo lo anterior, puesto en cronograma y con indicadores de cumplimiento en los que veremos trabajar a la Embajada americana.

Y si bien esto tiene un tufillo impositivo algo molesto, no sería justo ignorar que en el propósito de proteger sindicalistas, impedir el abuso de las cooperativas y fortalecer a la justicia estaba ya el conjunto del Estado colombiano. Por eso Santos tiene razón en decir que no necesitamos que nadie nos exija algo que ya estamos haciendo, que es proteger a nuestros trabajadores.

Pero aquí es donde está lo inverosímil. El TLC que fuera impulsado insistentemente por empresarios y repudiado con toda clase de artimañas por gran parte de la izquierda y del trasnochado sindicalismo colombiano, terminó favoreciendo a éste último como nada lo había hecho en muchos años. El imperialismo americano del que tanto despotrican los mamertos, por la vía del libre comercio (cosa que también detestan), logró lo que el izquierdismo local nunca pudo a punta de marchas, panfletos y concentraciones, esto es, la creación de un nuevo escenario para el fortalecimiento del movimiento sindical, tan desprestigiado en nuestros días por sus excesos, equivocaciones y fundamentalismos. Como consecuencia de lo anterior, esta semana vimos una serie de episodios sin antecedentes. El presidente de la República fue ovacionado en una cumbre sindical y uno que otro dirigente gremial propuso al país el abandono del tratado comercial con Estados Unidos. ¡Plop! ¡Plop!

Ahora bien, una vez entren en plena vigencia los instrumentos negociados dentro del plan de acción antes mencionado, veremos entonces si la clase sindical utilizará estos mecanismos y este nuevo aire para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y aumentar la productividad de las empresas, o si los convertirá en elemento al servicio de los excesos del pasado y sus batallas ideológicas; si buscará reivindicaciones imposibles que destruyen la competitividad o si se sumarán a la idea de participar en la creación de riqueza para todos. Hagan sus apuestas…

Twitter: @NicolasUribe

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