Por: Ramiro Bejarano Guzmán
Notas de buhardilla

¡Pobre Cali!

Si tuviese que votar para alcalde en Cali no lo haría por nadie, menos por Roberto Ortiz, alias el Chontico. Su candidatura encarna la politiquería y el oportunismo de los mandamases caleños, que vendieron su alma al diablo con tal de no perder el poder que han ejercido con el chisgarabís Maurice Armitage.

Chontico es promotor de juegos de azar —el chance—, a los que pueden acceder amplios sectores populares. Ha tenido veleidades políticas y en las pasadas elecciones compitió para la Alcaldía de su ciudad liderando un amplio movimiento, y hasta tuvo opción de triunfar, si no fuera porque la oligarquía lugareña sepultó esa aspiración populista, como entonces la estigmatizaron. Nadie podía prever que después de la derrota de hace cuatro años el Chontico y el momierío terminarían aliados. La política hace milagros.

La aristocracia caleña desechó a un candidato para alcalde sacado de su sofisticada entraña, nada más ni nada menos que Alejandro Eder, un envarado señorito a quien algunos le reconocen su papel en el tema de la paz. Era obvio que las fuerzas empresariales y vivas de la sociedad mirarían con simpatía la candidatura de Eder, porque ciertamente es tan estudiado que hasta se lo olvidó sonreír y es famoso por su ceño fruncido y su antipatía. Con su solo apellido, Alejandro tenía adquirido un tiquete para emprender una campaña a la que se sumarían sus amigos y conocidos de varias generaciones y, claro, el siempre “objetivo y veraz” periódico El País, dirigido por una señora que si bien no es periodista logró el inmenso honor de presidir, sin pena ni gloria, la Sociedad Interamericana de Prensa. Pero no, quien se llevó las adhesiones de esos grandes señorones no fue Eder sino, ¡quién lo creyera!, el Chontico Ortiz, hoy flamante candidato de la burguesía caleña.

¿Qué tuvo que suceder para que sus amigotes de toda la vida le dieran un portazo a Eder y apoyaran a Roberto Ortiz? No fue el programa de gobierno del “chancero”; tampoco sus estudios, que no tiene pues carece de condiscípulos; menos, que Chontico se hubiese transformado en un caleño perfumado. El gestor de esta insólita alianza se llama Álvaro Uribe. Su inmenso poder en los altos círculos vallecaucanos sumado al intempestivo apoyo a Ortiz hicieron que los momios no solamente traicionaran a Eder, sino que “perdonaran” al arribista incorregible que se rindió ante el poder de quienes lo menosprecian por todo y por nada.

Eso explica por qué, en un foro abierto, el jefe de información de El País no tuvo inconveniente en confesar que no quería que ganara las elecciones Jorge Iván Ospina y que haría todo lo que estuviera a su alcance para impedir que llegara, como en efecto lo hará hasta las 4 p.m. del 27 de octubre. Periodismo militante es la nueva faceta de ciertos comunicadores que olvidaron que su deber no es desinformar, ni calumniar, ni interferir en la justicia, ni incurrir en “crímenes electorales” para “asaltar la voluntad popular”, como lo criticó con franqueza precisamente el arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, testigo de excepción de su parroquia.

Ganará Jorge Iván Ospina a pesar de los montajes en su contra. Los momios y el Chontico Ortiz se quedarán con el pecado de haber traicionado, cada uno, a los suyos por cumplirle al presidente eterno. No importa quién gane, ninguno cambiará la Sucursal del Cielo.

Si en Cali llueve, en Buga, Tuluá, Cartago, Palmira, etc., no escampa, y lo mismo en el departamento. La próxima gobernadora será una señora que ha engordado al lado de la mano protectora de Dilian Francisca, la verdadera “Sultana” del Valle.

Adenda No 1. Recomendado el libro Historia de la formación y la enseñanza de la ciencia administrativa y el derecho administrativo (1826-1939), del profesor Miguel Malagón Pinzón, publicado por la Universidad de los Andes. Trabajo serio que además desenmascara las inexactitudes que sobre los orígenes de la ciencia administrativa criolla propalaron algunos falsos sabihondos de la materia.

Adenda No 2. ¡Viva el paro de futbolistas!

Adenda No 3. Se le cae la Ley de Financiamiento al ministro Carrasquilla y sigue en el cargo, como si no tuviera culpa en ese desastre.

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