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hace 18 mins
Por: Juan David Correa Ulloa

Pobres polémicas

Una polémica reciente me ha hecho detenerme a mirar el mundo de los libros desde otro lado. Hace tan solo unos días, el editor Camilo Jiménez publicó una crónica en Arcadia sobre el libro conmemorativo a Nicolás Suescún, como parte del Premio Vida y Obra concedido por el Distrito el año pasado, y cuyo encargo recayó en el poeta nadaista Jotamario Arbeláez.

Para mi pasmo, Jiménez, a quien respeto y considero un buen crítico y editor, hacía eco de una cantidad de opiniones peregrinas sobre una posible molestia de Suescún con el resultado del libro. Anotaba Camilo la pobreza de la investigación, y lo comparaba con un texto anterior sobre Carlos José Reyes, escrito para el mismo premio por Ximena Ospina.

Aunque estoy en desacuerdo con que el libro de Reyes sea un dechado de virtudes, esa no es la discusión y mal hizo Camilo en comparar ambas obras, pues de la segunda se limita a citar caprichosamente unos fragmentos –bastante penosos, es cierto—y a hilar una serie de argumentos que comienzan con una descripción del acto de conmemoración el pasado 14 de diciembre, en la Casa de los Derechos; en la abrupta salida de Suescún del recinto; en el comentario de las calidades formales de la edición, para después desbrozar unos cuantos párrafos criticando las calidades del texto del nadaista. ¿Qué era lo que quería criticar Camilo: la edición, la calidad, el escritor o todas las anteriores?

Eso, que no tiene nada de temerario, sin embargo no encajaba en la propuesta de la revista que anunciaba el texto de Jiménez como una polémica periodística que, como se sabe, casi siempre se da entre dos o más personas. ¿Por qué en un reportaje con amplio espacio, Jiménez no fue a las fuentes y se quedó comentando lo que le habían contado? ¿Qué decían los dos personajes enfrentados en la crónica?

Tres días después, Jotamario, en su columna de El Tiempo, descalificaba a la revista y al crítico sin nombrarlos. En medio de tanta inquina encontré una probable respuesta a mis preguntas en cada uno de sus párrafos. En el primero, la autocompasión; en el segundo, la ofensa personal a una pareja de celotípicos (¿su biografiado?); en el tercero, el desquite con HAT; en el cuarto la prédica religiosa; en el quinto, el ataque a un crítico borracho en una playa en Brasil, y en el sexto y último, la amenaza: “Lo que es conmigo, tacó burro y ya tendré oportunidad de juagarle su trapiador”. Entonces me pregunté si un artículo a todas luces fallido en su planteamiento e investigación, merecía uno de esos anónimos de los que se queja el nadaista. Y pensé que en nuestro mundo literario ese suele ser el nivel de la discusión pública. Y me dio tristeza.

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http://www.revistaarcadia.com/impresa/polemica/articulo/un-homenaje-fall...
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jotamarioarbelez/contratiemp...

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2012-01-26T23:41:37-05:00

column

2013-07-25T13:19:03-05:00

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