Por: César Ferrari

Pobreza e inequidad: los grandes desafíos colombianos

Dos son los grandes problemas de la economía colombiana: pobreza e inequidad. En 2013, según datos de la Misión Rural, 30,6 por ciento de la población colombiana era pobre por ingresos y 9,06 por ciento vivía en pobreza extrema. Según el índice de pobreza multidimensional (IPM) el 28 por ciento de la población era pobre. Es decir, en dicho año, 14,4 millones de personas eran pobres por ingreso, 4,3 millones eran indigentes y 13,2 millones eran pobres multidimensionales. 

Dicha situación no es de sorprender si se considera que en 2014, según el Factbook de la CIA, el ingreso per cápita en Colombia era 14.200 dólares, que lo ubicaba en el puesto 115 en el ranking mundial de ingreso per cápita sobre un total de 230 países (siendo Qatar el de mayor ingreso per cápita con un valor de 129.700 dólares), y que ese ingreso reducido se encuentra sumamente concentrado. En efecto, en 2012 el índice GINI de distribución del ingreso familiar era igual a 53,3, lo que hacía que el país ocupara el puesto 11 en el ranking mundial de concentración del ingreso familiar sobre un total de 145 países (siendo Eslovenia el país con la mejor distribución del ingreso con un GINI de 23,7 y Lesotho con la peor con un GINI de 63,2).

Estas deficiencias son graves y se localizan con mayor intensidad en las áreas rurales que también según la Misión Rural siguen siendo importantes: en 2014, 60 por ciento de los municipios colombianos podían considerarse rurales y la población rural era un poco más del 30 por ciento del total de la población, alrededor de 14,5 millones de personas sobre un total de 47,6 millones.

Si la pobreza se mide por ingresos, en 2013 era pobre 20,9 por ciento de la población colombiana que vivía en la ciudades y grandes aglomeraciones, 49,1 por ciento de la que vivía en las cabeceras de las áreas rurales, 51,2 por ciento de quienes habitaban en sus veredas, 51,1 por ciento de quienes vivían en las cabeceras de las áreas rurales dispersas y 55 por ciento de los que habitaban en las veredas de estos últimos territorios.

Por su parte, la concentración del ingreso se agudiza en las áreas rurales como consecuencia, en gran medida, de la concentración en la propiedad de la tierra. El GINI de tierras en Colombia no solo es sumamente elevado sino que, además, viene aumentado: en el 2009 era 0,82 y en el 2012 fue 0,835.

La pobreza rural y la concentración de la tierra son la expresión de la falta de acceso a activos por parte de la población rural: solo 36,4 por ciento de dicha población tiene acceso a la tierra; 4,3 por ciento, a la asistencia técnica; 5,2 por ciento, al crédito y 5,2 por ciento, al riego intrapredial. Por su parte 63,6 por ciento de esa población no acumula ninguno de esos activos, y solo 3 por ciento logra acumular tres de los mismos.

La pobreza rural colombiana tiene que ver también con una declinante participación del sector agropecuario en la estructura del PIB nacional: 11 por ciento del total en 1965, 6 por ciento aproximadamente en 2014. Esa participación se tradujo en el 2013 en un ingreso mensual promedio de los trabajadores agrícolas igual a 0,7 del salario mínimo mensual legal vigente (SMMLV) mientras que los trabajadores de la construcción percibían en promedio 2,6 veces el SMMLV.

Con esas dimensiones, lograr el fin de la pobreza y de la inequidad en Colombia es un reto enorme, más aún en tiempos de posconflicto y si, además, debe ser sostenible y lograrse en tiempos históricamente cortos, como ha sido en China y en los exitosos países del sudeste asiático; la desesperación de la población postergada no admite mayor espera. Ello tiene que ver con nuevas políticas fiscales, monetarias y regulatorias. ¡Un enorme desafío!

* Ph.D. Profesor titular, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.

 

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