Por: Eduardo Sarmiento

Pobreza ideal o real

Como era previsible, el nuevo cambio de metodología para el cálculo de la pobreza causó revuelo e inconformidad. Los mismos funcionarios, encabezados por el vicepresidente, cuestionan la validez de la línea de pobreza que sirvió de base para bajar el índice.

Las metodologías para calcular la pobreza tienen las más variadas representaciones y no existe una teoría que muestre cuál es la mejor. Más aún, debido a la imprecisión de la información, no es posible adelantar evaluaciones para comparar las metodologías y menos para armonizarlas con el resto de los países del mundo.

Lamentablemente, la enorme incertidumbre y la incidencia política al tema constituyen un terreno abonado para realizar grandes milagros económicos. Al igual que en otras áreas económicas y sociales, el mejor camino es partir de una metodología y mantenerla lo máximo posible. Como lo importante es la tendencia relativa, la práctica garantiza la comparabilidad histórica de la información y evita tentaciones.

La recomendación no ha sido seguida por los gobiernos. La metodología del cálculo de la pobreza se modificó hace dos años y ahora se vuelve a repetir la dosis. En ambos casos los cambios coincidieron con la mejoría en el índice de pobreza. El índice bajó entre 2005 y 2008 y luego más entre 2008 y 2010. Sin embargo, el resultado es muy distinto si se emplea la metodología anterior a 2005. En tal caso se habría encontrado un aumento de la pobreza entre 2005 y 2010, así como un nivel de 45%.

El malabarismo quedó al descubierto en la cifra que califica como pobres a los individuos con menos de $190.000 mensuales. El ingreso diario de la persona que recibe esta suma sería de $ 6.000, y de seguro se le esfumaría en la primera hora del día cuando se tome un café y adquiera dos tiquetes de Transmilenio. No le quedaría margen para atender las necesidades de comida, servicios públicos, vestuario y vivienda.

Lo más diciente son las inconsistencias técnicas. En un país donde el ingreso promedio, calculado con las cuentas nacionales, es de $700.000 mensuales, el 45% de la población no puede tener un ingreso inferior a $190.000. Semejante comportamiento invalidaría las regularidades estadísticas que se han encontrado en las series de distribución del ingreso durante un siglo en diferentes países. Ni más ni menos, significaría que no hay mayor relación entre la pobreza y el ingreso del resto de la población.

El debate sobre la pobreza ilustra las falencias de la teoría y la práctica de la ciencia económica. Los investigadores y profesionales buscan las soluciones en personajes renombrados y en las instituciones prestigiosas del mundo, y confían la implementación y los resultados en la autoridad de los creadores y en la aplicación de los mismos procedimientos en otros lugares. Fue precisamente lo que sucedió con las privatizaciones de la salud y las pensiones, y el alza de la tasa de interés a 70% en 1999. En todos estos casos las excentricidades estaban respaldadas por grandes nombres e instituciones, pero ignoraron el método científico que señala que las teorías sólo pueden ser validadas por la realidad. Cuando las concepciones no coinciden con los hechos, lo indicado es cambiar las concepciones y no los hechos.

Luego de todo el proceso de cambio de metodologías y modificación de la línea de pobreza, la realidad sale bien librada. Al final quedó claro el monumental resquebrajamiento social durante los 20 años de vigencia del modelo neoliberal. La pobreza asciende a 45%. Con cualquier línea de pobreza que se adopte, el ingreso de los pobres creció menos que el promedio y mucho menos que el de los sectores altos. El índice de Gini, que mide la desigualdad relativa, se ha mantenido alrededor de 0,58 y se encuentra entre los más altos del mundo.

 

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