Por: Columnista invitado EE

Poder de cambio

Por: Juan Felipe Carrillo Gáfaro*

Esta semana la justicia estadounidense ha condenado a la compañía Bayer, dueña de Monsanto, a indemnizar con dos mil millones de dólares a una pareja californiana por haber contraído cáncer. La sentencia cae como anillo al dedo para seguir insistiendo en los efectos perversos de productos elaborados con glifosato en la salud. ¿Cuántas pruebas se necesitan para que nuestros gobernantes reaccionen?

El tema es tan relevante que ya no importan las burradas que han dicho los unos y los otros para defender este producto. Todavía no es tarde para reaccionar y ejercer una resistencia civil que le abra los ojos al gobierno y lo invite a desestimar el uso del glifosato en Colombia. Esto tampoco tiene que ver con que las empresas que lo producen o con los negocios que debe haber detrás de esta historia. Esto está relacionado con el respeto a la vida en un país que no logra quitarse de encima tanta violencia.

Sumarle a todo lo vivido en las últimas décadas futuros daños ambientales y enfermedades crónicas por el uso indiscriminado de glifosato es atentar contra cualquier intención de paz. La presión ejercida por el gobierno estadounidense en los últimos meses es casi tan peligrosa como lo fue la operación Cóndor en los años 70. Lo que pasa es que el modus operandi, evidentemente más discreto, se desarrolla en pequeños círculos políticos binacionales que lo hacen casi imperceptible. Da la impresión que esos círculos se divierten al ver cómo el país se polariza cada vez más y, en lugar de hacer algo para remediarlo, le siguen metiendo leña al fuego. No estamos lejos de ayudarle a Trump a financiar la construcción de un muro que separe América del Sur del resto del continente.

Mientras tanto la sociedad colombiana ejerce como convidado de piedra. Desde afuera vemos lo que está pasando en espera de un milagro. De ese milagro que haga recapacitar a Duque y lo ponga a pensar más en Colombia que en Estados Unidos, más en las colombianas y en los colombianos que en la gente de su partido, más en cómo frenar los asesinatos de los líderes sociales que en seguir poniéndole trabas a la construcción de paz. Es muy diciente que tanto El Espectador como El Tiempo hagan en sus editoriales del día 14 de mayo una mención especial a este último tema. Se trata de dos gritos casi desesperados por frenar una masacre que está lejos de desarrollarse con cuentagotas: ya van más de cuatrocientos asesinatos en los últimos tres años.

No se trata de un tema de izquierdas o de derechas, tampoco de quién le está ganando a quién. Se trata de sentido común, de hacer el mínimo para intentar no cerrar un camino ya recorrido que, aunque imperfecto, tiene sus bondades. Se trata de darse cuenta lo que perdemos si se mantienen decisiones contrarias a la defensa de la vida, de lo que perdemos si sutilmente se va presionando a la oposición, de lo que perdemos si se piensa solo en los intereses de unos pocos y no en los intereses de todos. No hay que ser un sabio para darse cuenta que en general, y en particular en nuestro contexto, la política se ha reducido a la soberbia que trae consigo el poder.

Sin embargo, y por desgracia, también somos algo responsables de lo que está pasando. Casi siempre terminamos pecando por omisión: aprendimos que era mejor no opinar para no meterse en problemas, aprendimos a ver la empatía como una opción, aprendimos a creer que las cosas se van a solucionar sin hacer nada concreto para que eso ocurra. Y así va pasando el tiempo y así nos vamos acostumbrando a cualquier cosa: a las muertes, a la contaminación, a los trancones, al glifosato, a que nos hagan creer que no podemos cambiar nada. Y mientras tanto, en lugar de pensar en cambios de fondo para cambiar todo lo anterior, la política educativa sigue viviendo de las cifras: como si educar a toda una sociedad en cómo construir paz fuera un frío ejercicio estadístico. Es importante respirar profundo y creer que el poder de cambio aún está en nosotros independientemente de quién nos esté gobernando.

* Consultor e investigador en educación

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2019-05-14T12:06:48-05:00

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