Por: José Fernando Isaza

Poder y corrupción

LORD ACTON ES FAMOSO POR SU FRAse “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Una variante es si el poder tiende a corromper o atrae a los corruptos. Un reciente estudio dirigido por Jons Lammers de la Universidad de Tilburg en Holanda y por Adon Galinsky de la Universidad de North Western con métodos cuantitativos busca precisar las relaciones entre poder y comportamiento ético. La metodología es original y con alto grado de confiabilidad precisa esas relaciones.

The Economist presentó una síntesis de la investigación. Seleccionaron dos grupos de personas: las que tienen o han tenido posiciones de poder, y las que no. El grupo de “poder” considera, por ejemplo, poco censurable sobrefacturar gastos de viaje; el grupo “sin poder” fue más estricto en condenar esta práctica. El grupo de “poder” aceptaba que si era necesario podía robarse una bicicleta; no ocurrió así en el grupo “sin poder”. En un juego de dados, con premios monetarios, el grupo del poder hizo trampa; en el otro ésta fue mucho menor. Los resultados se informaban a quienes no podían conocerlos. En otros experimentos se encontró mayor laxitud en el pago de impuestos y en saltarse las normas de tránsito en el primer grupo.

Cuando se pregunta si consideran inmoral un comportamiento no ético, consideran que sí, si lo hacen los otros, pero no, si lo hacen ellos. Ambos grupos son más exigentes con el comportamiento de otros que con el propio. Un resultado sorprendente es que los grupos de “poder” consideran que no merecen la posición que tienen.

La extrapolación de estos resultados al devenir político en Colombia es obvia, tal vez el mejor ejemplo fue el referendo reeleccionista. El grupo promotor convencido de que el poder les otorgaba patente de corso para violar las normas, excedió los límites de financiación, realizó triangulaciones para que los contratistas del Estado hicieran generosos aportes, que luego tendrían su generosa compensación. El Gobierno no tuvo inconveniente, apoyado en su poder, que pensaba era ilimitado, en saltarse las normas de procedimiento para el trámite legislativo, en llamar a “consultas” a parlamentarios cuyo voto era decisivo y ofrecerles ayuda para sus “regiones”. Para aprobar el nuevo texto en la comisión de conciliación se requería el voto de un congresista que había anunciado su voto negativo, luego de una reunión en Palacio salió convencido de la bondad de la reelección: votó por el cambio de texto. A los pocos días la Corte Suprema por un delito anterior lo llamó a juicio. Se cumplió aquí también la orden presidencial: “Voten por el gobierno antes que los detengan”.

Los experimentos antes mencionados recuerdan los que realizaba Mockus, los cuales casi siempre mostraban que la gente tiene mejor concepto propio que el que tiene de los otros. Ante la pregunta ¿usted por qué cumple las normas, por convicción o por temor al castigo?, la mayoría contestaba por convicción, pero afirmaban que los otros lo hacían por temor al castigo.

Cuando se realizó el experimento en la cárcel, contestaron que cumplían normas por temor al castigo.

No necesariamente existe la correlación buen presidente, buen candidato, es decir, con opción de ganar. Si se produce esta conjunción, creo que el mejor presidente sería Mockus, pensador político original, con concepción del Estado al servicio del ciudadano, y administrador probado. Lo tendré en cuenta en la consulta del Partido Verde.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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