Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Poetas

Hay poetas subversivos, que desglosan las palabras y prefieren ir por la vida por debajo de las versiones instituidas, de las instituciones, los códigos explícitos y las normas, y hay poetas que escriben sobre versiones heredadas que se autodenominan guardianes de las tradiciones y, según ellas, se consideran poseedores del bien y del mal, de lo bueno y de lo malo. Hay poetas vestidos de negro, que juegan a ser lúgubres y oscurecen sus palabras, y sonrientes poetas de sonrisa fácil, que se toman dos tragos y se cuelan en las fiestas para buscar por allí un oyente dispuesto a escucharlos. Hay poetas que mienten con sus verdades y poetas que dicen la verdad a través de sus mentiras. Hay poetas de nombre, poetas pagados por el sistema, poetas publicistas, poetas celadores de intereses ajenos, poetas mercenarios y honestos mercenarios que después de disparar escriben.

Hay avergonzados poetas de arrabal que escriben con un diccionario al lado, guiados por palabras que jamás habían oído, y aristocráticos poetas que escriben y escriben, no dicen nada y se presentan como enviados por una divinidad. Hay poetas que pagan por salir en una revista, poetas que amenazan a los críticos, poetas que mendigan una reseña y poetas que se inventan un pseudónimo para escribirse loas. Hay poetas de calle, de alcoba, de salón, de espejos, y poetas de alquiler, que escriben según lo mandado y lo pagado. Hay poetas de la última moda que escriben dictados, y poetas posvanguardistas que les suman palabras a las palabras. Hay poetas de cartón, de tablero, de tertulia, poetas de rima, poetas matemáticos, poetas psicodélicos, y plagiarios, en todo el sentido del término. Hay poetas terminales, poetas por un día, eternos poetas y poetas cuchillo.

Hay poetas que escriben en un papel sobre decencia y esas cosas, y en sus redes, con impecables palabras, destrozan a quien no les diga sí, sí, sí, y solo sí. Hay poetas efectistas, poetas para quienes las palabras vulgares son la vulgaridad, y poetas que desdeñan la vulgaridad porque les dijeron que era de buen gusto intelectual desdeñarla. Hay poetas con errores de ortografía, y perfectos poetas para perfectas reuniones. Hay poetas machistas, y poetas feministas que reproducen el machismo pero exigen que se elimine la palabra poetisa. Hay poetas que se burlan de la poesía, poetas de plástico, poetas enyesados y poetas de piedra que patean las piedras sólo por patear algo. Hay poetas de buhardilla, poetas de bohemia, poetas que al saludar dicen soy poeta, y poetas indefinidos, sin rótulos, poetas inmortales que con un par de versos me han cambiado la vida.

 

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