¿Polarización o transformación cultural de un país?

El 2 de septiembre del corriente El Espectador tituló "Ex presidente Uribe sigue dividiendo". Este artículo habla de la "polarización" que vivió el país en los últimos años.

Las preguntas que me surgen son: ¿dividió Uribe al país o lo transformó? ¿Entregó Uribe un país más dividido del que recibió? ¿Vivimos en estos años un período de "polarización" o de resurgimiento natural del debate político y periodístico de las ideas, previamente acallado por la violencia?

Mi formación de ingeniero me obliga a empezar por las cifras. En 2002 asesinaron 10 periodistas, 12 alcaldes y ex alcaldes, 99 sindicalistas, 97 maestros sindicalizados y 197 indígenas. En 2009 no hubo asesinatos ni de periodistas ni de alcaldes y ex alcaldes; fueron asesinados dos sindicalistas, un maestro sindicalizado y 35 indígenas. El total de homicidios del país, en el mismo período, pasó de 28.837 a 15.817. Es decir, dejamos de sacrificar más de 13 mil vidas por año (datos de Mindefensa).

En ningún otro período de la historia reciente del país se ejercieron con tanta libertad y entusiasmo actividades como el periodismo, el sindicalismo y la política. No libertad romántica; libertad real, de carne y hueso, la que surge de la eficaz protección de la vida.

En 2002 el país sí estaba dividido. Mitad en manos de paras, mitad en manos de guerrilla. Alcaldes amenazados, actores políticos cooptados, sociedad civil doblegada. Era un estado "semifallido", el cual a raíz de la pasividad de todos los colombianos, pero sobre todo de su clase dirigente, había caído en manos de delincuentes.

En resumen, en estos ocho años pasamos de una división impuesta por el crimen y el narcotráfico, a una de las ideas y el discurso, propia de cualquier democracia moderna (¿o ha estado EE.UU. más "polarizado" -para usar sus palabras- que bajo el gobierno de Obama, el presidente de la "esperanza"?).

Estos ocho años marcaron una transformación de nuestra sociedad, y como bien lo señala la teoría de procesos, cualquier cambio genera inestabilidad temporal.

Uribe también cambió la cultura y las formas de la política. Nos enseñó a hablar claro y de frente, a llamar las cosas por su nombre, contrastando con la costumbre previa de guardar las apariencias y darse palmadas en el hombro. De pronto esta finura en las formas fue en parte responsable de mantenernos a los colombianos ciegos ante la realidad criminal que nos avasallaba.

En estos ocho años los colombianos también nos radicalizamos: lo hicimos en torno al derecho a la vida y la no tolerancia al terrorismo. Por eso votamos mayoritariamente por el doctor Juan Manuel Santos y por eso quienes hace ocho años esgrimían posiciones más "flexibles" frente al terrorismo, abrazaron unánimemente la seguridad democrática en la pasada contienda electoral.

Entonces, para concluir, estoy de acuerdo con su titular, Uribe sí dividió el país: cambió su rumbo (en las palabras de Margaret Thatcher), recibió un país semifallido y nos entregó la "Estrella del Sur" (revista Newsweek), es decir, dividió el curso de su historia.

¿No será más bien que la tal "polarización" es un sofisma para recubrir intereses y simpatías políticas? (Obviamente adversas al ex presidente Uribe).

A propósito, Uribe ha guardado profundo silencio desde que culminó su mandato. ¿Cómo puede "dividir" -usando la connotación que su periódico le da a esta palabra- desde la prudencia?

 

Tomás Uribe M. Palo Alto, California.

¿Nueva recesión?

El anuncio no ha sido aún tan dramático. Estas últimas semanas nos han traído la confirmación, dada por la Federal Reserve, en cuanto a que ha decaído el ritmo de crecimiento que llevaba la economía estadounidense en su recuperación. La declaración contrasta con lo que sostenía tan sólo a principios de junio pasado.

En efecto, el viernes 4 de junio se daba a conocer que existía un clima de ascenso en la producción. Los datos se mostraban vigorosos y actualizados, tanto en lo que se refería a la recuperación del mercado inmobiliario, índices de confianza inversionista y de consumo.

Como ocurre en estos casos, al reciente anuncio desalentador de la Federal Reserve le siguió una caída promedio de 4% generalizado en las principales bolsas del mundo.

Los datos más recientes dejan poca duda. Estados Unidos pasó de crecer a ritmos de 5,2% hace seis meses, a un actual 1,5%. Se puntualiza que podemos estar cerca de una nueva recesión.

El diseño y la política de contención que se ha seguido para superar la recesión se ha basado, con mucho, en los modelos de la economía clásica y neoclásica, con una fuerte receta operativa de neo-keynesianismo, es decir, de intervención rápida y vigorosa de los gobiernos para "salvar" los mercados. Se cree aún en la autorregulación de lo mercantil, en que existen mecanismos de equilibrio dinámico que se perpetúan. Aún resuena convincente para muchos la defensa de Ronald Reagan sobre el aumento exponencial del déficit público y la deuda de Estados Unidos: "Lo que importa es el crecimiento, eso resolverá por sí mismo los déficit con que operamos".

Lamentablemente la realidad es más compleja; se necesitan planteamientos más elaborados. Innovar superando la ortodoxia neoclásica en su pureza de fundamentalismo cuasi religioso. Los fondos de "rescate" y la mayor inyección de recursos en los mercados por la vía del egreso de gobiernos deben impactar en la economía real, en la ampliación de la demanda agregada interna y resolver problemas mediante la productividad.

Continuar privilegiando únicamente soluciones mediante mecanismos que con exclusividad amplían la liquidez de los mercados financieros es apagar el fuego con más combustible. Sólo que este combustible aparentemente muestra apaciguamientos en el incendio. Muestra ciertas mejoras, pero que no son sostenibles. De allí la aparición de renovadas amenazas sobre una inmediata recesión.

Giovanni E. Reyes. Decano, Facultad de Economía, Universidad Católica de Colombia

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