Polarización perniciosa

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La historia nos ha enseñado una y otra vez que las sociedades que caen en una polarización irreconciliable terminan en la mayoría de los casos cavando su propia tumba como colectivo armónico que comparte un territorio. El resultado no es otro que guerras civiles, enfrentamientos en las calles, violencia, destrucción de las instituciones y del tejido social, rompimiento del orden, demolición de los puentes necesarios para evitar la catástrofe y ascenso de tiranos. Son pocas las veces en que este camino al infierno se compone. En palabras de Alexis de Tocqueville el gran diplomático francés del siglo XIX: “La polarización da lugar a una lógica amigo-enemigo y a comportamientos caracterizados por la ilegalidad y la violencia”

Esparta y Atenas nunca pudieron resolver la polarización entre esas dos sociedades con visiones opuestas de como gobernar, el resultado fue interminables guerras, el fin de la democracia ateniense y la conquista de Grecia por Macedonia.

La destrucción de Jerusalén en al año 70 por las legiones del general romano Tito fue consecuencia de enfrentamientos internos derivadas de la polarización que dividió a la sociedad judía. Las consecuencias fueron dos mil años de exilio.

La Revolución Francesa sufrió una fuerte recaída debido la aguda polarización personificada por Robespierre y elementos aliados con la burguesía que llevó a mas de un millar de los seguidores del primero a la guillotina y al ascenso de Napoleón Bonaparte. La llegada del nacionalsocialismo al poder en Alemania fue resultado de una sociedad polarizada in-extremis políticamente.

Esa polarización pugnaz, irreconciliable, azota a las democracias modernas intensificada grados de magnitud por las redes sociales que han abierto la plaza de debate a todos dando origen a las" burbujas ideológicas", conglomerados de opinantes empoderados por compartir con personas que piensan igual, emiten mensajes cortos radicalizados para obtener retuits, desprecian a quienes piensan diferente a quienes gradúan e “enemigos” y se autoproclaman defensores de la verdad y la justicia.

Son múltiples las razones de la polarización en nuestros tiempos. Sociedades fragmentadas, desigualdad, incertidumbre económica, temor al futuro, ascenso de la antipolítica, credibilidad cuestionable de los medios de comunicación, búsqueda de culpables en vez de soluciones y desaparición de los matices; todos es negro o blanco. Adicionalmente, crisis de los partidos políticos tradicionales en las democracias lo que ha redundado en protagonismo de colectivos de todos los pelambres que a su vez jalan a los partidos a posiciones extremas para no perder relevancia, entorno en el cual ha surgido la figura de “líderes fuertes” con solucione simples para todo.

En las democracias más consolidadas del planeta la polarización está haciendo estragos: Estados Unidos y Gran Bretaña como ejemplo, mientras que democracias más frágiles ya han sucumbido a los encantos de autócratas: Turquía y Hungría por mencionar algunos. En las dictaduras de viejo cuño ya consolidadas, no hay polarización por razones obvias; no existe el tinglado en el cual se pueda debatir y quien trata termina en la cárcel o en la tumba.

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