Por: Alvaro Forero Tascón

Polarización, ¿real o ficticia?

Debajo de la dañina polarización política se esconden dos concepciones muy distintas del país.

Vuelvo a referirme a este tema porque aunque la polarización está más aguda que nunca, muchos siguen sosteniendo que entre Santos y Uribe no hay diferencias de fondo, que todo se limita a la inquina de Uribe y a su necesidad de mantener vigencia política. Santos y Uribe comparten una concepción capitalista, pero negar sus diferencias ideológicas es como decir que no existen entre Bill Clinton y George W. Bush.

El daltonismo político es explicable en la extrema izquierda latinoamericana, que aún considera viables sistemas como el venezolano y se niega a aceptar que en la globalización no caben modelos económicos radicales, como lo muestra la tensión generada por el nuevo gobierno griego. Pero resulta interesante que sectores menos dogmáticos no encuentren distinciones ideológicas clásicas entre la tradición liberal y la conservadora. En sociedades con retrasos tan profundos como la colombiana, las diferencias ideológicas tienen connotaciones modernizantes o retardatarias. La tensión entre santismo y uribismo surge de dos posturas frente a un momento de transición del país hacia un nivel de desarrollo intermedio: la de defensa cerrada del statu quo, que celebra una supuesta alta legitimidad social, frente al de reformas modernizantes como la paz, basadas en una visión más crítica del estado de cosas actual.

Mientras el uribismo plantea que los problemas de la Colombia legítima se reducen a la guerrilla, la justicia, los impuestos, el gasto social, la amenaza a la propiedad rural, Venezuela y la falta de un poder Ejecutivo fuerte, el santismo considera que la problemática está en los obstáculos a la modernización, empezando por la ausencia de paz, y pasando por la desigualdad, la falta de calidad de la educación, de infraestructura, de empleo formal, el bajo nivel de tributación, de instituciones fuertes. Y la receta para solucionar los problemas también es distinta. Mientras el santismo cree en la solución política del conflicto, en el aumento de la tributación, en el mayor gasto social, en las relaciones internacionales realistas, en el fortalecimiento institucional, el uribismo cree en el militarismo, la reducción de impuestos y del Estado, en la centralización del poder en el presidente, en el nacionalismo.

Esas son diferencias que en otras latitudes darían para caracterizaciones ideológicas diferenciadas. Una de las razones para que acá no se reconozcan, además del origen político común de Santos y Uribe, es que ambos practican fórmulas políticas tradicionales latinoamericanas: clientelismo tradicional el uno y populismo el otro. Pero ese es un aspecto que puede ser neutro en materia ideológica, porque el populismo ha sido más usado por la izquierda, y aunque el clientelismo ha sido tradicionalmente defensor de los privilegios del campo, hoy está apoyando el proceso de paz que va a introducir cambios en el mundo rural.

Formalmente, las diferencias entre santismo y uribismo son entre derecha y centro, pero el extremismo conservador del Álvaro Uribe aumenta cada vez más la sensación térmica. Si no es así, por qué entonces los estratos altos están tan descontentos con Santos.

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