Por: Mauricio Rubio

Poliamores adaptativos

Martín tiene una amplísima gama de inquietudes intelectuales, que va mezclando de manera creativa. Se ha echado al bolsillo varias maestrías y doctorados. Con las mujeres le pasa lo mismo, le interesan todas y no quiere desprenderse de las que se enamora. Lo dejé de ver un tiempo y al reencontrarlo se había casado y tenía una hija con Ángela. También estaba ennoviado con Liliana. Cada una sabía de la otra y Martín no se molestaba en ocultar su arreglo: mostraba orgullosamente dos argollas en su anular. Ese doble compromiso no le impidió seguir siendo mujeriego.

A Jorge lo conocí por Martín. Él también tiene un abanico de intereses que van desde la etología hasta la filosofía moral, pasando por la inteligencia artificial. Los asuntos de pareja eran tema recurrentes de nuestras charlas de almuerzo, que adobábamos con rudimentos de selección sexual de las especies. Lo gracioso era que Martín usaba esas discusiones evolucionistas para justificar sus impulsos mientras que Jorge les daba un sentido terapéutico. Le permitían, decía, prever que cualquier flirteo paralelo sería aún más efímero que el amor por Laura, su novia de muchos años.

A diferencia de otro amigo don Juan que trata de reclutarme, Martín nunca hizo proselitismo con nosotros, aunque sí fungía de terapeuta con quienes jugando en varias pistas se metían en problemas. Un caso que le costó resolver fue el de un amigo, barranquillero como él, que también tenía el arreglo de esposa y novia oficial con dos argollas pero que, encima, se enamoró de una prepago. El control de daños de Martín consistió en lograr que las engañadas perdonaran al enamoradizo. Fue más arduo convencerlas de que no era tan grave que volviera ocasionalmente con prepagos, eso sí sin el desliz de entregar otra parte de su corazón loco.

Hace un par de años Ángela decidió volver a su ciudad natal, para instalarse allá con su hija. Estar lejos de ellas le dio duro a Martín, que siempre fue un padre dedicado. Su última afición, hacer videos, le había resultado buscando motivos para pasar más tiempo con ella. Como la pequeña se había metido a tomar cursos de actuación, él pensó que haciendo documentales basados en los escenarios que describía en sus informes podría lograrlo. Esa estrategia debió agudizar sus carencias afectivas hasta el punto de querer pasar las fiestas de fin de año con sus Ángelas en la provincia. Aunque no la ví por esos días, me imagino que Liliana no quedó contenta con esa decisión. Mucho menos cuando el amañado decidió prolongar la estadía por todo el mes de Enero.

Al volver de la temporada con su esposa e hija, Martín se encontró con una sorpresa, también a cargo de dos mujeres. Liliana se había ennoviado con Valeria. “Jamás en mi vida había aprendido tanto sobre el género femenino, en lo que me creía un experto” me dijo Martín, serio como pocas veces lo he visto. “Lo único que tengo claro, es que no quiero involucrarme ni sexual ni sentimentalmente con las dos”. La primera vez que este consagrado poliamoroso le echó cabeza a la infidelidad fue a raíz de este sorpresivo romance de su novia, que no sólo le cambió su percepción de las mujeres sino que lo desconcertó completamente por no generarle celos posesivos, esos que siempre bordean la violencia. En esta ocasión por poco se vuelve confidente de Valeria.

Mientras el despistado cornudo me contaba sus cuitas amorosas recordé uno de nuestros almuerzos evolucionistas con Jorge en el que hablamos de los bonobos y de las particulares alianzas sexuales entre las hembras de esa promiscua especie de primates. Frans de Waal habla de Vernon, el macho dominante de un grupo de bonobos en el zoológico de San Diego que incluía a Loretta y que perdió su poder tan pronto llegó una segunda hembra. “Lo primero que hicieron Loretta y la otra apenas se conocieron fue tener sexo. Estos encuentros lésbicos se volvieron cada vez más frecuentes, e implicaron el fin del reinado de Vernon. Meses después, la típica escena a la hora de comer era con las dos hembras teniendo sexo y compartiendo alimentos”. Takeishi Furuichi, primatólogo japonés, considera que, como con Santos, “con los bonobos, todo es pacífico”. Agrega que “cuando los veo parecen estar disfrutando sus vidas … Si se da un conflicto abierto las hembras aliadas expulsan a los machos, pero los machos nunca forman alianzas agresivas contra las hembras”.

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*Mauricio Rubio

 

 

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