Por: José Salgar

Policía Cívica y ligas de padres

La tensión nacional  alrededor de la parapolítica y las diversas olas de violencia han puesto a la opinión pública a pensar en fórmulas extremas, como el cierre del Congreso o leyes de emergencia para casos como los altos índices de delincuencia juvenil.

Entre los parlamentarios cobra fuerza la reforma electoral para mejorar la educación de los votantes a la hora de elegir candidatos. Se busca el regreso a partidos organizados que seleccionen a quienes tengan mayor preparación y méritos reconocidos, para no seguir cayendo en los mismos con las mismas.

En Bogotá, los primeros cien días del alcalde Moreno Rojas han coincidido con campañas que demuestran un alto uso de armas blancas en escuelas, colegios y sectores obreros. A diferencia de las épocas en que los problemas comunes entre muchachos se resolvían “agarrándose a trompadas en la calle”, ahora se matan a cuchilladas o matan al policía que busca pacificarlos. Los peores ejemplos llegan por la televisión al ver los crímenes en masa en colegios de los países más avanzados.

Se ha intensificado el suicidio de niños, como el caso de un excelente estudiante de un colegio tan tradicional y respetable como el San Bartolomé. También han aumentado las “pandillas juveniles” en los barrios y el descubrimiento de redes de expendedores de estupefacientes en todos los estratos.

Conviene recordar ejemplos de cuando la ciudad era más pequeña y  pacífica, había menos complicaciones de violencia intrafamiliar y era más difícil el acceso a las armas y a las adicciones. Hubo momentos en que fueron efectivas las ligas de padres de familia, en conexión con los  maestros, para enseñar a los adolescentes a enfrentarse a los peligros que los rodean a toda hora.

También fue bueno y oportuno en muchos casos el funcionamiento de  Policía Cívica, organizada para compensar la deficiente acción de las autoridades en determinados sectores de residencias, industrias o comercio.

A tiempo que se celebra una baja en los índices generales de criminalidad en Bogotá frente a ciudades de similar desarrollo, cuando tanto lo necesita por su impulso como objetivo turístico y cultural, se impone volver a sistemas como el de organizar a los padres de familia para el mejor control de sus hijos y a las policías cívicas para asegurar una mayor acción sobre los excesos de rebeldía y de irresponsabilidad juvenil.

***

COLETILLA.- Está bien que se resuelvan los problemas de los mayores, pero que primero se resuelvan los de los menores.

Buscar columnista