Policía y ciudadanía

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El pasado miércoles ocurrieron hechos lamentables en Bogotá: un individuo fue brutalmente asesinado por dos policías, lo cual desató la ira ciudadana y un desorden monumental, con un saldo de 14 muertos, decenas de buses quemados y la tercera parte de los CAI destruidos.

Lo primero que debo decir es que la indignación ciudadana está plenamente justificada, más aún cuando todo indica que este no es un hecho aislado (un par de manzanas podridas), sino el producto de una cultura de abuso enquistada en la institución policial desde hace muchos años. Por eso la alcaldesa Claudia López tiene toda la razón cuando dice, en su comunicado del jueves por la mañana, que el problema de fondo no se resuelve mientras no se haga una reforma estructural de la policía, lo cual implica cambios constitucionales y un gran empeño nacional, encabezado por el Gobierno central.

 

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