Por: Eduardo Sarmiento

Política inefectiva

Los cuatro primeros meses del año confirman que la economía evoluciona a un ritmo inferior al de finales de 2012. La industria decreció por cuatro meses consecutivos y las dos terceras partes de los sectores revelan índices negativos. Las exportaciones y las importaciones caen. Las ventas del comercio crecen cerca de cero y los materiales de construcción, encabezados por el cemento, descienden en forma sistemática. El empleo, que tradicionalmente ha aumentado en 500 mil personas por año, apenas lo hace en 100 mil.

Hasta ahora el Gobierno no ha revelado las razones por las cuales se llegó a este estado. La explicación de que es un fenómeno aislado de la industria y la agricultura se cae por su propio peso. Si bien la crisis productiva se inició hace un año en esos sectores, de ninguna manera se puede sostener que en la actualidad ocurra lo mismo. Algo similar se observa en el sector privado. Los gremios aplauden las medidas oficiales sin profundizar en las causas del declive de sus sectores y anticipan que todo mejorará en el siguiente semestre.

Lo más sorprendente es que en el peor momento de los últimos cinco años la firma Standard & Poor’s elevó la calificación a la deuda del país, aduciendo que la economía evoluciona satisfactoriamente y superará los quebrantos actuales con las políticas convencionales de austeridad fiscal, baja de tasas de interés y mercado.

Las soluciones están basadas en las mismas concepciones que condujeron a la recaída. Desde la administración Uribe el país ha estado comprometido en la conformación de un superávit fiscal para devaluar el tipo de cambio, con resultados totalmente opuestos. La baja de la tasa de interés de referencia adoptada en los últimos siete meses coincidió con un alza de la tasa pasiva y la contracción del crédito. El aumento de la compra de divisas a US$7.000 millones anuales no ha logrado elevar el precio de la divisa en más de 2%.

El Pipe sigue la misma línea, en forma improvisada. Introduce subsidios para que los bancos bajen la tasa de interés de la vivienda y se conmina a los fondos privados de pensiones (AFP) a invertir US$10.000 millones de las reservas en el exterior para duplicar la compra de divisas. En ambos casos surgen interrogantes sobre la implementación. Los bancos no parecen inclinados a comprometer préstamos subsidiados en un activo envuelto en una burbuja de valorización de precios de 12% anual. Las AFP no tienen garantía de obtener en el exterior rendimientos superiores a los internos.

El estado actual es una manifestación del agotamiento del modelo económico. La austeridad fiscal y la baja de la tasa de interés de referencia no garantizan la devaluación drástica, ni la recuperación de la producción y el empleo. La revaluación, los TLC y el estancamiento externo han dejado la industria sin medios para enfrentar la competencia internacional. Las instituciones financieras no parecen dispuestas a ampliar el crédito en plena caída de la producción e incertidumbre.

La rápida mejoría de la distribución del ingreso constituye el principal desafío de la sociedad colombiana en las próximas décadas. Habría que realizar grandes transformaciones en la educación, la estructura fiscal de impuestos y gastos y la regulación del sector financiero. Todo resultaría infructuoso sin un modelo equitativo que eleve la participación del 50% más pobre a siquiera el 35%. El propósito está condicionado a una estructura productiva que dé prioridad a la industria y la agricultura, eleve el salario mínimo e instaure un subsidio generalizado para la contratación de trabajadores informales.

Buscar columnista