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hace 4 horas
Por: Pascual Gaviria

Política menor

LA POLÍTICA DE PUEBLO DE CUAtro esquinas, el viejo proselitismo que debe parecerse un poco a la misericordia y a la usura, la sede de campaña convertida en paño de lágrimas y granero improvisado será siempre una idea imbatible.

Como la venta al menudeo. Entre nosotros sobran los ejemplos de políticos grandes, hablo de votos e influencia, gracias a sus pequeñas ambiciones, a su dedicación casi exclusiva al patio que los vio nacer. En Colombia es posible ser un senador con voz y voto en la capital por el simple hecho de regentar las secretarías de un palacio de gobierno con municipio.

El método es más o menos simple. Se empieza desde las iglesias, las empresas de chance, las juntas de acción comunal o la secretaría de obras públicas. Algo de discurso y algo de concreto para que las reuniones políticas tengan sentido. A la microempresa electoral la debe acompañar la oficina de recursos humanos de una empresa con mano de obra suficiente. Un mecenas oscuro se encarga de los patrocinios que hagan falta, el carro blindado y demás asuntos de seguridad. Es importante que el jefe político sea de extracción humilde, que entienda los gustos y las maneras de sus futuros incondicionales. Un ejemplo de ascenso social digno de admiración, que evoque a Marco Fidel Suárez, por decir algo, que vivió su infancia en una casa con techo de paja y piso de barro en su natal Hatoviejo.

El mismo terruño que hoy se llama Bello y que ofrece una muestra cabal de la figura de que hablamos. Óscar Suárez Mira creció en un hogar humilde, trabajó manejando una volqueta en su municipio, se dedicó a las tareas comunitarias, estudió derecho en las noches, fue un burócrata de planilla en mano y a mediados de los noventa encontró el primer premio con la alcaldía de su pueblo. Hugo Albeiro Quintero, hombre con 1.000 choferes a su cargo, patrón de Bello, una de las fichas más excéntricas e independientes en la trama paramilitar en Antioquia, fue durante años compadre de Suárez Mira. Eran los tiempos del helicóptero en vez de la volqueta y de los buses a todos los barrios. El entusiasmo electoral por el político conservador hecho a pulso se fue convirtiendo en una especie de obligación: al que no daba el voto le llegaba el sufragio. En las elecciones para Congreso de 2006 Óscar Suárez Mira obtuvo el 81% de los votos del municipio y fue el mayor elector en Antioquia. Más de una cuarta parte de sus electores los consiguió en su hato viejo. Sobra decir que en ese momento su hermana era la titular del palacio municipal en Bello. En las recientes elecciones para Congreso Olga Suárez Mira reemplazó a su hermano como baronesa conservadora y obtuvo la quinta votación nacional.

El ejemplo de los Suárez Mira se repite en Magangué con Enilce López, quien empezó tirando las cartas, encontró la suerte de las loterías, luego la colaboración en bloque de algunos paisanos y logró ser la madrina de todo el pueblo. Esos políticos menores, algo impresentables por fuera de sus señoríos, incómodos en las entrevistas y pintorescos en las convenciones se vuelven imprescindibles. Y los candidatos de mejor familia no pueden más que darles un abrazo y pedirles una mano. Suárez Mira fue un aliado clave de Luis Alfredo Ramos y la carta ganadora de los godos en Antioquia hasta que se atravesó la Corte. Y el liberalismo, con aire vergonzante, ha mantenido sus candidatos sórdidos. Hasta el mismísimo Juan Manuel Santos tuvo a César Pérez García, un capo de Remedios, Antioquia, en su oscuro baúl de campaña. Días antes del poder y la metáfora de la urna de cristal.

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