Política poética

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Gustavo Petro de visita familiar en Italia adquirió el Coronavirus. Con síntomas claros de la virosis debió internarse de urgencias en un hospital público en el centro de Florencia, en cuyo pabellón de positivos Covid-19 lo entubaron para suministrarle oxígeno y controlarle la neumonía manifiesta.

En el hospital Santa María Nuova nadie supo que era parlamentario, líder popular con muchas posibilidades de ganar en las próximas elecciones presidenciales de Colombia; estuvo varios días en la UCI atendido igual que los otro contagiados. De esa vivencia escribió un hermoso y sentido relato, que por expresar con sinceridad entrañable, para si y para todos, los fundamentos éticos y sentimentales de su alma constituye la novedosa proclama de los ideales de un líder político coherente con el neo humanismo de su tiempo.

No es de extrañar que los politólogos hagan caso omiso de la trascendentalidad del documento, desde su mezquina parcialidad no es conveniente reconocer la magnanimidad de quién propugna cambios estructurales en pro del bienestar colectivo y en contra de la hegemonía plutocrática.

Es sabido que Gustavo Petro comulga con el progresismo internacional, pero lo asume y lo reconstruye acordé con su ser y con la realidad geográfica, cultural y social de Colombia, con magistral elocuencia expone en plazas públicas, en instancias académicas, en debates parlamentarios y de campaña, originales conceptos de economía, de desarrollo, de Estado… Pero en el relato de su vivencia en la UCI de un hospital florentino es tácita la proclama de una nueva ética del ser político.

Simón Bolívar en “La Carta de Jamaica” manifiesta sus proyectos independentistas, sus ideales de unión entre repúblicas criollas, proclamas consecuentes con las vanguardias políticas del siglo XXI y justas para el momento de la América libre. Por su parte y en su tiempo, Gustavo Petro en el relato de sus padecimientos por el contagio viral, reconoce y manifiesta su entrañable espíritu de solidaridad, de su sensibilidad social cultivada a la sazón de su trasegar por varias luchas políticas, expone la bondad y la misericordia no solo como una virtud moral, si no como una ética del ser social, del quehacer político, esto avisa que su liderazgo es un hecho poético, y no me refiero al valor literario de su escrito, que de hecho lo tiene, me refiero a la entrega en cuerpo y alma a su misión existencial.

La oratoria es inherente al oficio del político, unos más elocuentes que otros, pero en general todos recurren a los dones de la palabra para exponer sus proyectos y últimamente para publicitar sus campañas. Digamos que las denominaciones: “Polo democrático”, “Centro democrático”, “Partido Verde”, “Colombia humana” son figuras literarias, así como también lo son los lemas publicitarios, Digamos además que Colombia tuvo una tradición de presidentes literatos: Rafael Núñez, Miguel A. Caro, José M. Marroquín. Peto lo sublime es cuando el quehacer y la vida misma del líder político son un hecho poético y eso se logra cuando se funden auténticamente el alma buena de un ser humanitario y el pensamiento cualificado y propositivo de un auténtico líder. Poética fue la política oficiada por Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela, Mojica y también lo que va de la obra de Gustavo Petro, sin duda valiente, visionario, original y sobre todo rotundamente humano.

En estos tiempos, cuando la humanidad ha reivindicado libertades fundamentales para los individuos y para las comunidades, y cuando por lo mismo se requieren filosofías y gobiernos que nos procuren la convivencia armónica, valores como la solidaridad, el amor al prójimo, son virtudes indispensables en los líderes contemporáneos, por las cuales confiaríamos en ellos la responsabilidad de gobernar y de encauzar por buenos rumbos los destinos del país.

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