Por: Salomón Kalmanovitz

Políticas económicas retorcidas

LAS PRESIONES DEL GOBIERNO, LOS gremios y los medios contra la junta directiva del Banco de la República, sumado al ingenio de algunos de sus miembros, ha conducido al deterioro de los finos instrumentos de intervención que habían sido adoptados en el pasado.

Me explico: las herramientas indirectas y graduales de intervención, como mover la tasa de interés del banco central por fracciones de un cuarto de punto porcentual y utilizar mecanismos conocidos y previsibles que atenúen la volatilidad de los mercados cambiarios, han sido reemplazadas por modificaciones bruscas sobre la cantidad de dinero, vía aumento de encajes, y también el cambio de reglas de intervención cambiaria para que el mercado obedezca a los interesados.

Frente a la pretensión de todos los poderes establecidos de que no se encareciera el dinero, se dejó quieta la tasa que revela la postura de la autoridad monetaria, pero por la puerta de atrás se aumentó el encaje en cómodas cuotas hasta septiembre, lo cual produce una elevación de las tasas de interés, activas y pasivas, que nadie sabe por cuanto, pero que van a estar muy por encima de 0,25%.

El desespero del Gobierno y de los exportadores también llevó a medidas muy primarias contra el mercado cambiario. El Banco de la República cambió las reglas del modo (diario) y monto (20 millones de dólares) de intervención, pero además le quitó el techo a la volatilidad de la tasa de cambio, rehusándose a adquirir divisas aun cuando la variación hacia arriba fuera excesiva. El Gobierno, por su parte, realizó allanamientos por medio de la Superintendencia Financiera y la DIAN el lunes para descubrir a los “especuladores”, lo cual paralizó a muchos agentes del mercado cambiario y comenzó el alza del dólar de más del 15% en cuestión de una semana, situación que, de ser permanente, elevará la inflación.

Es cierto que los operadores cambiarios le apostaban a que la Junta elevaría las tasas, que la Reserva Federal las reduciría, y que la presión revaluatoria se iba a incrementar. Ese diagnóstico los llevó a vender todas sus existencias de dólares, esperando poder recomprarlas una vez que se volviera a valorizar el peso. Lo cierto es que la Junta del Banco de la República dejó su tasa quieta, mientras que la Reserva Federal cambiaba su sesgo a favor de controlar la inflación, y también dejó su tasa inalterada, preparando el mercado para una fase de alzas que valorizarían el dólar.

Todo esto volteó radicalmente las expectativas de los agentes del mercado: unos fueron intimidados por las autoridades y los demás fueron sometidos a nuevas e impredecibles reglas por parte del banco central, lo que contagió ya a importadores, exportadores e industriales que atesoraron dólares y vendieron lo menos posible. Ayudó, además, que se investigara la sobrefacturación de exportaciones, lo cual detuvo, por lo menos temporalmente, algo de la entrada de dólares del narcotráfico al mercado cambiario legal.

Pero faltaba el golpe definitivo a las expectativas de todos los agentes económicos. Quizá siguiendo la conseja del ex ministro Carrasquilla de espantar a los inversionistas para poder devaluar el peso, el presidente Uribe dio la señal de que estaba disolviendo el estado de derecho y que el futuro político del país entraba en la incertidumbre total. En efecto, el revanchismo del Presidente contra la Corte Suprema y su pretensión totalitaria de jugársela a un tercer período por medio de un improvisado referendo, terminaron por poner en entredicho el futuro de la democracia colombiana y también, claro está, el de su moneda.

* Decano de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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