Por: Pablo Leyva

Políticas presidenciales para Bogotá-Sabana

A pesar de los formatos de los debates entre los candidatos a la Presidencia, es posible desentrañar con esfuerzo algunas cosas. En el debate sobre Bogotá (región) del 8 de mayo en Canal Capital, se destacaron Germán Vargas Lleras, Humberto de la Calle y Gustavo Petro como presidenciables, frente a un Iván Duque fuera de lugar, entre despectivo y sorprendido por las respuestas calificadas de los demás.

Faltó precisión sobre cómo los candidatos piensan manejar la relación entre el Gobierno Nacional y el local. El desarrollo sostenible de Bogotá tiene que ver con la posibilidad de lograr acuerdos y consensos sobre políticas nacionales y locales. Muchas políticas locales no tendrán efecto si el marco nacional va en sentido contrario y muchas políticas nacionales se pueden ver seriamente afectadas por decisiones de Bogotá, dado el peso económico, social y político de la capital. Es necesario institucionalizar esta relación y los mecanismos de coordinación, respetar la política y las decisiones locales.

Tampoco se avanzó suficiente sobre la urgencia de crear y estructurar una institucionalidad para Bogotá-Sabana. Planear Bogotá sin incorporar la Sabana es un absurdo. El próximo gobierno debe procurar de inmediato que los POT de Bogotá-Sabana estén integrados, evaluar y ajustar todos los proyectos y decisiones en curso de la capital y los municipios para que respondan a una lógica de región y frente a la ley, los acuerdos de París, de desarrollo sostenible, biodiversidad, humedales, etc.; se debe informar y consultar debidamente a la población.

Se necesita rediseñar la institucionalidad interna de la capital, desde los mecanismos de elección, las localidades, los órganos legislativos que son insuficientes, los sistemas de decisión para el corto y largo plazo, la participación y consulta ciudadana informadas, los límites a las atribuciones del alcalde y otros funcionarios, los controles y las veedurías. La ciudad (región) requiere instituciones científicas y técnicas independientes, de consulta obligatoria, que aseguren conocimiento e información suficientes a los ciudadanos sobre la necesidad, impactos y efectos de planes y proyectos.

La diferencia entre los datos de población, transporte, infraestructura, educación, etc., de los candidatos fue notoria. Se necesitan referentes confiables para afirmar y profundizar en las políticas económicas, sociales y ambientales y en estrategias de concentración, decrecimiento, crecimiento, ocupación espacial e infraestructura. Es absurdo insistir en que los candidatos presidenciales deben conocer datos anecdóticos de memoria.

La dinámica del cambio global y climático es alarmante, la situación es crítica, los esquemas convencionales de planeación del desarrollo son obsoletos y las decisiones consecuentes serán un lastre para la economía, la sociedad y el ambiente futuros. El momento pasó. No se puede continuar con la vieja política de infraestructura, con evaluaciones ligeras de impacto ambiental y sobre el desarrollo sostenible, en la que insisten candidatos como Vargas Lleras y Duque. Este último apoya los planes de Peñalosa y pronunció entre dientes: “Lagos de Torca”.

Bogotá-Sabana merece un futuro sostenible.

 

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